Tres meses muerta.
He cavado esta tumba a tres metros bajo tierra
sólo para mí.
Y ahora he decidido descansar dentro de ella.
No esperé jamás que vinieras a dejarme flores
ni siquiera las que sabías que me gustaban.
No necesito nada para dormir hoy
no pienso cerrar los ojos ante esta oscuridad.
[...]
Me he partido los labios gritándote para que te girases
y me mirases fijamente
aquí, parada, queriendo explicarme.
No fue posible.
Cada sílaba que susurro entre los dientes es como una blasfemia escrita en negro para ti.
Te prometo que mi intención no era manchar cada trozo de tu vida con mi sangre.
No necesitaba ni una sola puntada en mi deshecha vida
sólo que tus ojos supieran entenderla como mi propia mirada lo haría.
No somos los mismos que fuimos
ahora no podemos respirar el mismo aire
sin volver amoratados.
Duele como duele ahogarse.
El nudo en la garganta y las ganas de vomitar son las mismas.
"¿Por qué construyes encima de esos cimientos que ya están rotos?"
Porque no encuentro la forma única de volver a soldarlos.
No quiero escapar, sólo volver a sentir.
Dime cómo se hace eso sin que nadie salga herido.
Dime cómo lo reconstruyo sin cortarme.
Dime cómo.
No quiero tener miedo
de bajar la cremallera
de mi pecho
nunca más.
[...]
Mañana en el día de mi nombre
volveré a clavar la pancarta de "cerrado".
Mi cuerpo es como la tierra fría y húmeda
en la que he cavado mi tumba.
Z.
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sábado, 25 de julio de 2015
martes, 8 de octubre de 2013
18 días. Aún.
Me encantan las flores blancas.
Cuando era pequeña y tan rubia como ahora, mi madre me las ponía en el pelo. Mi memoria me regala a veces recuerdos buenos, como ese.
Cuando me aceptaron en violín este curso habiendo sólo dos plazas libres, mi madre me dio la enhorabuena regalándome una maceta de rosas blancas. Sólo una había florecido. Han ido saliendo todas a la luz. Como yo. Poco a poco. Paso a paso. Despacio y sin pausa...
Parece que las cosas vuelven a estabilizarse tras la tormenta.
Pero sólo un poco. Muy muy poco. Tengo que tener fe y mantenerme de pie aunque me lluevan los golpes. "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". Me cuesta confiar.
He tenido suerte al tener buenos pilares, pero he nadado contra corriente durante días (y sobretodo noches), buscando una ventana por la que salir a volar.
Se ha oscurecido la habitación que llevo dentro. Las sombras bailan.
Mi madre siempre me dice que tengo demasiada energía alrededor, y es por eso que cuando vuelvo a casa las luces empiezan a estropearse y la lámpara de mi cuarto sólo se enciende cuando le da la gana.
Quizás es por eso que aquí se me agotan las pilas, me sacan de quicio, grito y me agoto. Desde aquí visualizo el abismo con mucha claridad.
Odio tener miedo y que me tiemblen las manos. El monstruo de mi estómago me araña y me hace llorar. El miedo es lo peor que he sentido jamás, y está muy por encima del fracaso. Te devora sin que te des cuenta hasta dejarte sin fuerzas. Pero siempre puedes luchar. Ya sabes, todo es mental.
Necesito frío. No me siento cómoda con esta temperatura. Quién me iba a decir a mí que dejaría de ser como el tiempo y necesitaría la nieve y la lluvia más que nada en este mundo...
Aún me gusta abrir la ventana cuando llueve por las noches, dejar entrar el frío y desnudarme. Bailar. Que se me erice la piel. Creo que nunca dejaré de hacer eso. Es como un ritual.
Rezo por mantenerme firme durante 18 días más. Sólo 18 días más. Luego me daré permiso para llorar si es que lo necesito. Sólo 18 días. En pie. Y estas cosas me cuesta cumplirlas. Necesito transparencias aunque yo a veces no sepa ni encontrarlas en mí.
Dije que hoy no iba a escribir. Apenas voy a dormir cuatro horas. Pero siempre me rindo a las palabras que necesito vomitar, aunque nadie vaya a leerlas. Este es mi pequeño secreto, desde hace ya casi cinco años. Me llama.
Estoy mutando estos días, y volviendo a ser una yo que no recordaba. Y que prefiero no describir.
Sigo teniendo la ouija a los pies de la cama, por si alguien quiere visitarme.
Hay cosas que nunca cambian, y las conversaciones nocturnas nunca están de más.
Supongo que... buenas noches.
Cuando era pequeña y tan rubia como ahora, mi madre me las ponía en el pelo. Mi memoria me regala a veces recuerdos buenos, como ese.
Cuando me aceptaron en violín este curso habiendo sólo dos plazas libres, mi madre me dio la enhorabuena regalándome una maceta de rosas blancas. Sólo una había florecido. Han ido saliendo todas a la luz. Como yo. Poco a poco. Paso a paso. Despacio y sin pausa...
Haz click... Oleander Time - Thomas Newman.
Parece que las cosas vuelven a estabilizarse tras la tormenta.
Pero sólo un poco. Muy muy poco. Tengo que tener fe y mantenerme de pie aunque me lluevan los golpes. "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". Me cuesta confiar.
He tenido suerte al tener buenos pilares, pero he nadado contra corriente durante días (y sobretodo noches), buscando una ventana por la que salir a volar.
Se ha oscurecido la habitación que llevo dentro. Las sombras bailan.
Mi madre siempre me dice que tengo demasiada energía alrededor, y es por eso que cuando vuelvo a casa las luces empiezan a estropearse y la lámpara de mi cuarto sólo se enciende cuando le da la gana.
Quizás es por eso que aquí se me agotan las pilas, me sacan de quicio, grito y me agoto. Desde aquí visualizo el abismo con mucha claridad.
Odio tener miedo y que me tiemblen las manos. El monstruo de mi estómago me araña y me hace llorar. El miedo es lo peor que he sentido jamás, y está muy por encima del fracaso. Te devora sin que te des cuenta hasta dejarte sin fuerzas. Pero siempre puedes luchar. Ya sabes, todo es mental.
Necesito frío. No me siento cómoda con esta temperatura. Quién me iba a decir a mí que dejaría de ser como el tiempo y necesitaría la nieve y la lluvia más que nada en este mundo...
Aún me gusta abrir la ventana cuando llueve por las noches, dejar entrar el frío y desnudarme. Bailar. Que se me erice la piel. Creo que nunca dejaré de hacer eso. Es como un ritual.
Rezo por mantenerme firme durante 18 días más. Sólo 18 días más. Luego me daré permiso para llorar si es que lo necesito. Sólo 18 días. En pie. Y estas cosas me cuesta cumplirlas. Necesito transparencias aunque yo a veces no sepa ni encontrarlas en mí.
Dije que hoy no iba a escribir. Apenas voy a dormir cuatro horas. Pero siempre me rindo a las palabras que necesito vomitar, aunque nadie vaya a leerlas. Este es mi pequeño secreto, desde hace ya casi cinco años. Me llama.
Estoy mutando estos días, y volviendo a ser una yo que no recordaba. Y que prefiero no describir.
Sigo teniendo la ouija a los pies de la cama, por si alguien quiere visitarme.
Hay cosas que nunca cambian, y las conversaciones nocturnas nunca están de más.
Supongo que... buenas noches.
*Eh, que mañana me traen mi nuevo violín.
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martes, 12 de febrero de 2013
Elévame.
Sin tocarme.
He encontrado la luz al final de mi ser. Un túnel sin salida iluminado por la esperanza.
Siente la sangre palpitar, pregúntame cómo lo he hecho. Tómame el pulso, araña mi piel.
Grita, suplícame que abandone, que vuelva a ser la de antes, la que no se sostenía más que por ti.
Pero ya no más, nunca más. No me arrastraré, me están saliendo las alas. Mi espalda se rompe...
No sé si eres feliz, ni siquiera sé si de vez en cuando piensas en mí o me extrañas, pero ya no me torturo. Algún día encontraré la valentía para no callar mi historia. Para presentar a todos mi precipicio, aquel que sobrevolé después de mucho esfuerzo. No tengo miedo a nada. Y tengo mucho que perder. Eso es lo que me ata y me ayuda a respirar.
He perdido la cuenta de las veces que me he derramado. He perdido la cuenta de mis cicatrices. He perdido la cuenta de los besos que te di e incluso de los que me guardé por no incordiarte. Estoy cansada de escribirte, cuando ni siquiera sé si me lees. ¿Quieres un café?
El mejor de mis amantes a día de hoy, tiene cuatro cuerdas y me susurra su música apoyado tiernamente en mi hombro. No tiene sangre, no late, pero tiene alma. Me está destrozando el brazo izquierdo, pero es un dolor que merece la pena. Si hubiera tocado el violín cuando te fuiste, como hice la primera vez que me abandonaron, no hubiera mirado desarmada a mis monstruos. ¿Hay mejor arma que la pasión sin frenos?
Fréname si puedes.
Me han dicho que deben dejarme chocar y quemarme. Que aprenderé que cuidándome me haré más fuerte. Quiero que conozcas mi caos. La ropa en el suelo, los nudos en mi pelo, los moratones en la cadera y las heridas de mis brazos.Mis ojeras cuentan la historia de todo lo que echo de menos.
No sé si poseo algo. No sé si estoy sola o acompañada en el camino. No sé si estoy llena o vacía por dentro. No sé si hace tiempo que vivo o me dejo morir...
Pero si quieres venir, sólo tienes que cruzar la puerta.
Y dime...
¿Bailamos?
He encontrado la luz al final de mi ser. Un túnel sin salida iluminado por la esperanza.
Siente la sangre palpitar, pregúntame cómo lo he hecho. Tómame el pulso, araña mi piel.
Grita, suplícame que abandone, que vuelva a ser la de antes, la que no se sostenía más que por ti.
Pero ya no más, nunca más. No me arrastraré, me están saliendo las alas. Mi espalda se rompe...
No sé si eres feliz, ni siquiera sé si de vez en cuando piensas en mí o me extrañas, pero ya no me torturo. Algún día encontraré la valentía para no callar mi historia. Para presentar a todos mi precipicio, aquel que sobrevolé después de mucho esfuerzo. No tengo miedo a nada. Y tengo mucho que perder. Eso es lo que me ata y me ayuda a respirar.
He perdido la cuenta de las veces que me he derramado. He perdido la cuenta de mis cicatrices. He perdido la cuenta de los besos que te di e incluso de los que me guardé por no incordiarte. Estoy cansada de escribirte, cuando ni siquiera sé si me lees. ¿Quieres un café?
El mejor de mis amantes a día de hoy, tiene cuatro cuerdas y me susurra su música apoyado tiernamente en mi hombro. No tiene sangre, no late, pero tiene alma. Me está destrozando el brazo izquierdo, pero es un dolor que merece la pena. Si hubiera tocado el violín cuando te fuiste, como hice la primera vez que me abandonaron, no hubiera mirado desarmada a mis monstruos. ¿Hay mejor arma que la pasión sin frenos?
Fréname si puedes.
Me han dicho que deben dejarme chocar y quemarme. Que aprenderé que cuidándome me haré más fuerte. Quiero que conozcas mi caos. La ropa en el suelo, los nudos en mi pelo, los moratones en la cadera y las heridas de mis brazos.Mis ojeras cuentan la historia de todo lo que echo de menos.
No sé si poseo algo. No sé si estoy sola o acompañada en el camino. No sé si estoy llena o vacía por dentro. No sé si hace tiempo que vivo o me dejo morir...
Pero si quieres venir, sólo tienes que cruzar la puerta.
Y dime...
¿Bailamos?
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lunes, 11 de febrero de 2013
Odi et Amo. 21 gramos perdidos.
Te odio.
Te odio porque con tu maldita magia conseguiste que te quisiera como nunca había querido a nadie.
Te odio porque te fuiste. Te fuiste sin darme más opción que mantenerme lejos. Porque separaste dos caminos cuando el mío ya no sabía por dónde seguir sin seguir tus pasos.
Te echo tanto de menos que algunas noches, como ésta, me rompo las entrañas buscándote dentro de mí. Y te veo. Ahí sigues. Nunca te fuiste. Quiero vomitarte de dentro de mí... pero nunca es suficiente. Nunca.
Te odio porque eres el único "para siempre" que juré y vaticiné en mi vida. Y porque tal y como dije, tengo la sensación de que pase lo que pase, y aparezca quien aparezca, siempre latiré por ti.
Te odio pues, porque odio mis "para siempre".
Te odio porque me dueles. Me dueles tanto que sangro por dentro sin necesidad de heridas externas. Y cuando me dueles por dentro es peor que cualquier cicatriz. Cuando echo la vista atrás, todas mis cicatrices llevan tu nombre y apellidos. Nuestra historia escrita en mi piel.
Te odio porque palpitas en mí. Y no creo que mi corazón merezca tal cosa. Porque "el corazón más rojo del mundo" ya apenas es visible, ni late con la misma intensidad.
Te odio porque te amo.
Te amo con todas mis fuerzas. Te amo como el primer día que te vi, como el primer día que me besaste. Como el primer día que me sonreíste al cogerme la mano, como el primer día que respiraste en mi oído. Como el primer día que perdimos juntos la visión en lo más alto del techo de aquel cuarto que nos conocía tan bien. Las paredes pueden relatar cada una de nuestras caricias.
Te odio porque te amo. Te amo como nunca antes. Como nunca más.
Te amo por las mariposas inmortales que habitan en mí y me arañan por dentro.
Te amo y te odio porque desde que te fuiste, tu alma pesa 42 gramos...
Porque te llevaste mis 21.
Y ya no recuerdo quién era antes de romperme en mil pedazos por ti.
Te odio porque con tu maldita magia conseguiste que te quisiera como nunca había querido a nadie.
Te odio porque te fuiste. Te fuiste sin darme más opción que mantenerme lejos. Porque separaste dos caminos cuando el mío ya no sabía por dónde seguir sin seguir tus pasos.
Te echo tanto de menos que algunas noches, como ésta, me rompo las entrañas buscándote dentro de mí. Y te veo. Ahí sigues. Nunca te fuiste. Quiero vomitarte de dentro de mí... pero nunca es suficiente. Nunca.
Te odio porque eres el único "para siempre" que juré y vaticiné en mi vida. Y porque tal y como dije, tengo la sensación de que pase lo que pase, y aparezca quien aparezca, siempre latiré por ti.
Te odio pues, porque odio mis "para siempre".
Te odio porque me dueles. Me dueles tanto que sangro por dentro sin necesidad de heridas externas. Y cuando me dueles por dentro es peor que cualquier cicatriz. Cuando echo la vista atrás, todas mis cicatrices llevan tu nombre y apellidos. Nuestra historia escrita en mi piel.
Te odio porque palpitas en mí. Y no creo que mi corazón merezca tal cosa. Porque "el corazón más rojo del mundo" ya apenas es visible, ni late con la misma intensidad.
Te odio porque te amo.
Te amo con todas mis fuerzas. Te amo como el primer día que te vi, como el primer día que me besaste. Como el primer día que me sonreíste al cogerme la mano, como el primer día que respiraste en mi oído. Como el primer día que perdimos juntos la visión en lo más alto del techo de aquel cuarto que nos conocía tan bien. Las paredes pueden relatar cada una de nuestras caricias.
Te odio porque te amo. Te amo como nunca antes. Como nunca más.
Te amo por las mariposas inmortales que habitan en mí y me arañan por dentro.
Te amo y te odio porque desde que te fuiste, tu alma pesa 42 gramos...
Porque te llevaste mis 21.
Y ya no recuerdo quién era antes de romperme en mil pedazos por ti.
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viernes, 8 de febrero de 2013
Changes... F.
FREYA.
15/10/2009 - 22/01/2013
Amor mío, prometo dedicarte una entrada para ti solita cuando tenga más fuerzas... Ahora mismo me cuesta la misma vida ver una foto tuya. Siempre estarás en mí. Te amo con locura, mi pequeña.
∞
BARTOK.
23/11/2012
Llega a casa el 26/01/2013
Ojalá que podamos darte todo el amor que mereces, pequeño. Ojalá que no nos fallen las fuerzas. Ojalá llegue a quererte alguna vez como la amé y la amo a ella. Ojalá nos hagas tan felices como ella nos hizo. Ojalá seas el perro más feliz del mundo sólo por ser parte de la familia.
Bienvenido a casa.
...Joder, te echo tanto de menos...
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domingo, 20 de enero de 2013
Just think about it.
Hace frío ahí fuera, llueve y el viento amenaza con tirar la ventana sobre mi cabeza.
La persiana no para de temblar, al contrario que yo.
Hace un rato que decidí desnudarme.
Siempre el mismo ritual, frío polar, ventanas abiertas, música y desnudez. Desde que me recuerdo. Los vellos de punta me recuerdan que soy vulnerable. Vulnerable a todo lo que no puedo ver, ni tocar, ni oler, ni sostener parado en el tiempo por mucho tiempo. Minutos que pasan como suspiros, horas que se vuelven a veces pesadas cuando no nos reflejamos en otros ojos distintos, otros que no sean los nuestros frente a un espejo. Quizás hace segundos que empecé a divagar y desvariar.
Todavía guardo tu navaja bajo mi almohada, por si vienen los monstruos. Pero ha pasado tanto tiempo que si vuelves no estaría segura de a qué presa la arrojaría con fuerza primero. Nunca debiste regalarme armas que pudiera usar contra ti, porque siempre preferiré herirme de gravedad antes que herirte por accidente. No volarán cuchillos ni navajas sobre nuestras cabezas esta temporada. Me lo he prometido. No quiero pensar que no podamos cumplirlo. Sólo un poco más de silencio. Quédate callado...
Voy a hacer que desaparezca la camisa que me cubre. En dos segundos.
No hables, no digas nada. El frío de Enero ha hecho que vuelva a estremecerme otra vez.
Nunca sentí la soledad tan honda como hoy. Mi conciencia gritando que ya no estás. No me inmuto.
Quiero seguir despeinada, porque tú me despeinabas antes a besos. Así que aleja ese peine de mí.
Necesito congelarme en aquel momento en el que me mirabas con los ojos llorosos, a sabiendas de que me dejarías marchar, pero teníamos el mismo miedo clavado en las costillas. Aún puedo sentirlo.
A veces... en la cama, el murmullo del viento me acaricia la oreja y creo que has venido a verme. Pero tú nunca estás. Nunca vuelves. No volverás, sé que no lo harás. Mi fe me ha dado el beso de Judas.
Esta noche, sólo esta noche, pediré a los monstruos de debajo de mi cama que salgan a jugar al póker. Desde que te fuiste las sábanas son como océanos infinitos en los que tú ya no navegas. Ya no te enredas en mi pelo creyéndote envuelto en las olas que te mecían hasta dormirte.
Podemos jugar a los dados.
Te dejaré ganar.
Sólo si vuelves.
Hazme una señal. Ahora que ya no creo en nada. Te dejaré hacerme sangrar. Sólo si vuelves.
Nada de lo que veo es real.Todo está bajo mi piel y entre los mechones de mi pelo que hace tiempo que no trenzo. Guardados como tesoros, los susurros que mi oído nunca quiso dejar escapar. Tuyos.
Voy a arrojar a la tormenta la poca cordura que me queda esta noche. No reconozco a la misma que te cogía la mano dentro de mí. Es como rasgarse el escudo, pero por hoy, puede pasar.
Levanta la vista. Sigo sentada en aquella mesa junto a la ventana, mientras el mundo se vuelve un charco ahí fuera. Aquí dentro. En mí. Para ti, que me conoces y puedes ver el gris, la ceniza del cigarrillo, las cicatrices húmedas, los pies descalzos y el vello de punta. Todo lo que fui.
Tú, que besaste mis heridas abiertas y las viste convertirse en cicatrices. Tú, que me mantuviste en equilibrio sujetándome con pinzas sobre una cuerda fatal. Sobre el abismo. Siempre con vértigo...
Dulce y amargo vértigo. Preferible al vacío que siento hoy. Infinito.
Mariposas rebeldes acampan en mi estómago, luchando por salir.
Haciendo un agujero para poder llegar hasta ti y decirte que nunca, nunca te fuiste...
Porque yo nunca te dejé marchar.
La persiana no para de temblar, al contrario que yo.
Hace un rato que decidí desnudarme.
Siempre el mismo ritual, frío polar, ventanas abiertas, música y desnudez. Desde que me recuerdo. Los vellos de punta me recuerdan que soy vulnerable. Vulnerable a todo lo que no puedo ver, ni tocar, ni oler, ni sostener parado en el tiempo por mucho tiempo. Minutos que pasan como suspiros, horas que se vuelven a veces pesadas cuando no nos reflejamos en otros ojos distintos, otros que no sean los nuestros frente a un espejo. Quizás hace segundos que empecé a divagar y desvariar.
Todavía guardo tu navaja bajo mi almohada, por si vienen los monstruos. Pero ha pasado tanto tiempo que si vuelves no estaría segura de a qué presa la arrojaría con fuerza primero. Nunca debiste regalarme armas que pudiera usar contra ti, porque siempre preferiré herirme de gravedad antes que herirte por accidente. No volarán cuchillos ni navajas sobre nuestras cabezas esta temporada. Me lo he prometido. No quiero pensar que no podamos cumplirlo. Sólo un poco más de silencio. Quédate callado...
Voy a hacer que desaparezca la camisa que me cubre. En dos segundos.
No hables, no digas nada. El frío de Enero ha hecho que vuelva a estremecerme otra vez.
Nunca sentí la soledad tan honda como hoy. Mi conciencia gritando que ya no estás. No me inmuto.
Quiero seguir despeinada, porque tú me despeinabas antes a besos. Así que aleja ese peine de mí.
Necesito congelarme en aquel momento en el que me mirabas con los ojos llorosos, a sabiendas de que me dejarías marchar, pero teníamos el mismo miedo clavado en las costillas. Aún puedo sentirlo.
A veces... en la cama, el murmullo del viento me acaricia la oreja y creo que has venido a verme. Pero tú nunca estás. Nunca vuelves. No volverás, sé que no lo harás. Mi fe me ha dado el beso de Judas.
Esta noche, sólo esta noche, pediré a los monstruos de debajo de mi cama que salgan a jugar al póker. Desde que te fuiste las sábanas son como océanos infinitos en los que tú ya no navegas. Ya no te enredas en mi pelo creyéndote envuelto en las olas que te mecían hasta dormirte.
Podemos jugar a los dados.
Te dejaré ganar.
Sólo si vuelves.
Hazme una señal. Ahora que ya no creo en nada. Te dejaré hacerme sangrar. Sólo si vuelves.
Nada de lo que veo es real.Todo está bajo mi piel y entre los mechones de mi pelo que hace tiempo que no trenzo. Guardados como tesoros, los susurros que mi oído nunca quiso dejar escapar. Tuyos.
Voy a arrojar a la tormenta la poca cordura que me queda esta noche. No reconozco a la misma que te cogía la mano dentro de mí. Es como rasgarse el escudo, pero por hoy, puede pasar.
Levanta la vista. Sigo sentada en aquella mesa junto a la ventana, mientras el mundo se vuelve un charco ahí fuera. Aquí dentro. En mí. Para ti, que me conoces y puedes ver el gris, la ceniza del cigarrillo, las cicatrices húmedas, los pies descalzos y el vello de punta. Todo lo que fui.
Tú, que besaste mis heridas abiertas y las viste convertirse en cicatrices. Tú, que me mantuviste en equilibrio sujetándome con pinzas sobre una cuerda fatal. Sobre el abismo. Siempre con vértigo...
Dulce y amargo vértigo. Preferible al vacío que siento hoy. Infinito.
Mariposas rebeldes acampan en mi estómago, luchando por salir.
Haciendo un agujero para poder llegar hasta ti y decirte que nunca, nunca te fuiste...
Porque yo nunca te dejé marchar.
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martes, 15 de enero de 2013
You don't know me.
Hola, querido anónimo.
Probablemente te preguntes el porqué de esta entrada.
Es algo que irás entendiendo al avanzar leyendo.
He explicado muchas veces lo que son las máscaras para mí, las corazas, las armaduras, las dos caras de la moneda. Todos tenemos un "yo" reservado sólo para nosotros mismos, y otro "yo" que enseñamos al público como quien airea su ropa íntima en un tendedero. Simplemente a veces, como seres humanos que somos, creemos saber todo de una persona basándonos sólo en aquello que nos muestra. Y no debemos confundirnos.
Ahora me toca hablar de mí para enseñarte el ejemplo.
Apuesto lo que sea a que crees saber quién soy por lo que lees aquí o en cualquier otra parte.
Sabes que tengo el pelo azul, que llevo piercings, que estudio arte, tengo tatuajes, veinte míseros años de vida, que mis padres están separados y mi padre tiene pareja, que he tenido ciertos problemas con mi padre pero que le quiero con locura, que tengo hermanastros, que adoro a mi hermano menor, que tengo un pastor alemán, que mi madre es rubia, que soy fumadora social, que me gusto tal y como soy aunque algunos me critiquen por mi peso, que me he vuelto casi de piedra después de mi última experiencia amorosa, que hago fotos desde pequeña, que tengo mucho carácter, que me gusta Pink Floyd, Patti Smith y Bob Dylan, que toco el violín, que canto, que vivo en un piso de estudiantes e incluso que me medico. Y hasta aquí puedo leer.
A partir de esta información, tú te tomas la libertad de opinar y tergiversar todas mis palabras. E incluso de ponerlas en duda, tacharme de inculta, de mentirosa, de fantasiosa, de loca.
Bien, pues esto es sólo lo que yo quiero mostrarte, querido anónimo. Ni más ni menos que mi mayor máscara. Esto es lo que yo quiero o no me importa que conozcas de mí.
Puedes decirme que me lees asiduamente por aquí, por mi ask, o incluso que me acosas por mis redes sociales, pero siempre leerás lo que yo quiero que leas. No me tomes por tonta, no se me escapa la información sobre mí. Ya no tengo cinco años ni soy una bocazas.
Y bien, ¿crees que me conoces como para poder juzgarme? Permíteme ponerlo en duda.
Seguramente no sepas de mí, las cosas que me hacen ser quien soy.
Que me gusta peinarme cien veces nada más levantarme aunque siempre termine con la melena despeinada. Y me encanta.
Que suelo llevar el labio partido y sangrando, porque se me queman con frecuencia.
Que soy torpe por naturaleza y de cuando en cuando es normal verme con las medias rotas y las rodillas peladas como si fuera una niña.
Que normalmente llevo las manos manchadas de tinte, de tinta china, de pintura o de cualquier cosa similar. Y que a veces ni siquiera recuerdo en qué momento me las manché.
Que mis amigos dicen que huelo a especias, y eso me hace sonreír.
Que el café que me tomo por las mañanas hecho por mi compañera de piso María José sabe a Navidad, a música bonita y a bailes mañaneros.
Que los mejores besos que me han dado, también me han hecho sangrar hasta casi morir, como si fueran dagas clavadas en mi cuerpo.
Que no sé dormir con pantalones ni calcetines, y aún no he descubierto si se me da mejor dormir sola o acompañada.
Que cuando estoy triste, muy triste, abro la ventana de mi cuarto por la noche cuando más frío hace y me desnudo.
Que tengo memoria de elefante incluso para cosas que no son mías. Recuerdo con exactitud detalles de mis 3, 5, 7 años. Y que a veces me alegro por ello, y otras veces me derrumbo a base de recuerdos.
Que suelo acordarme de todo lo que sueño, y mis sueños son tan vívidos que puedo detallarlos.
Que me paso de espiritual, algún día terminaré flotando. Pero también me paso a veces de sarcástica, irónica y fría. Y sólo soy sentimental y dulce con mis amigos, o con personas que me dan buenas vibraciones desde el primer "hola".
Que se me humedecen los ojos cada vez que veo a un perro en la calle, y cada vez que escucho Not Dark Yet de Bob Dylan.
Que la primera canción que aprendí a cantar en mi vida fue "I want you", también de Dylan, seguida de "la cucaracha". Y hay vídeos que lo prueban.
Que si no fuera por el arte hace mucho que me habría quitado la vida. En mis peores momentos me he escapado de la soga que ataba mi cuello con el simple hecho de sujetar un lápiz sobre un folio en blanco.
Que a veces prefiero mi soledad y mis vellos de punta escuchando música a echar un polvo.
Que cuando estoy sola en casa me gusta bailar.
Que mi sentido de la justicia y la lealtad son tan estrictos que me han traído problemas.
Que hay un barrio entero de Sevilla que no he vuelto a pisar porque me parte en mil pedacitos.
Que me gusta ir en silencio en mis viajes de tren y autobús y no me gusta charlar. Y si no voy escuchando música tiendo a marearme muy mucho.
Que relaciono a ciertas personas con olores, colores, sonidos, canciones. E incluso soy capaz de relacionar todo esto entre sí.
Que amé, amé hasta romperme, y ahora me cuesta no huir cuando veo brillar los ojos de la persona con la que hablo.Y que suelo rezar para que nadie se enamore de mí. Insensato.
Que las croquetas de mi abuela y las albóndigas de mi madre son archiconocidas por mis amigos.
Que en verano puedo pasarme días enteros metida bajo el agua buceando.
Que sin mis escapadas al mar me asfixiaría, y necesito mis dosis de artisteo con mi mejor amiga.
Que soy tan lógica que cuando algo escapa de mi entendimiento o tengo un problema que no puedo solucionar por mí misma me dan serios ataques de ansiedad.
Que tengo tantas cicatrices en el cuerpo que podría contarte millones de historias más... pero ahora mismo no me apetece.
...
Me hubiera gustado verte en la primavera de 1995, querido anónimo. Sentado en el suelo de casa de mi padre junto a mí, escuchando en repetición I wish you were here en el equipo de música, constantemente sonando a todo volumen. Con la puerta de la calle abierta y todas las ventanas de la casa dejando pasar el sol. El olor de las hojas. La ignorancia de la niñez. O cuando mi madre me leía antes de quedarme dormida, y el olor de las sábanas de franela y los libros de biblioteca antigua inundaban mi habitación. Aún puedo sentirlo.
Los mejores años de toda mi vida.
Igual así podrías conocerme. Podrías saber quién soy. Pero no es así. Y todo lo que pueda escribir aquí se quedaría corto.
No, no sabes quién soy. A veces ni siquiera yo lo sé, pero al menos sé lo que he vivido y lo que me hace ser la persona que soy ahora. Estoy orgullosa de la persona en la que me he convertido, a pesar de todas las adversidades. Esto es lo que soy.
Puedo seguir escribiendo sobre mi coraza, y tú seguirás leyéndome y creyendo saber; pero jamás de los jamases podrás conocerme.
Eso es algo, que sólo está reservado a los que saben volar.
Buenas noches.
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martes, 23 de octubre de 2012
Puntos suspensivos.
...Corriendo sin ton ni son por un bosque lleno de árboles. Escondiéndome tras ellos. El sol se cuela entre los troncos. A veces, despego la corteza de algunos troncos y cae al suelo. Insectos arremolinados alrededor de la savia dulce... Una voz lejana... Me llama... Nos vamos.
Quizás mi padre no me ha abrazado nunca, pero me ha enseñado muchas cosas.
Hoy no voy a hablar de sus libros, de su música o de sus charlas. Tampoco de las veces que me llevaba a los bosques a recoger bellotas o a las montañas. A pueblecitos rodeados donde el frío te quemaba la cara y podías respirar. Calles empedradas. Olor a castañas... Ahora me resulta tan lejano...
Fui consciente de que iba a morir a los 6 ó 7 años. No lo recuerdo con exactitud.
Él hacía viajes al hospital cada vez que tenía un disgusto. Nos llamaban por teléfono y salíamos corriendo al primer coche que quisiera llevarnos a verle. Camillas. Gente de blanco. Lloriqueos de susto y alegrías de que no pasara nada.
"Le dolía el corazón", decía yo, que era pequeña. No sabía que años después yo tendría ese mismo dolor.
Pero siempre sale, nada puede con él.
Volvió a golpearme la sombra de la muerte cuando tenía 15 años. Mi madre y su guerra personal contra la gran C que tanto nos atormenta. Y también pasó por debajo de su camilla, sin llegar a tocarla. Casi la sentí rozarme las espaldas cuando me asomaba a la ventana del hospital, con la vista puesta en las escaleras de emergencia.
A mí, la parca me ha dado la mano varias veces, queriendo hacer un trato. "La desaparición de tu dolor, a cambio de tu vida". Miles de veces mirándola a los ojos. En el fondo de mis mayores abismos. Creo que en todos mis momentos de abandono y desesperación viene a asomarse a mi mente, como si estuviera esperándome. Nunca la he dejado pasar. Al menos, no del todo. Puedo decir que me ha besado en los labios.
Cierro los ojos y a veces, es como si me meciera el viento... queriendo llevarme con ella.
Pero nunca le doy la mano.
... Desde los 6 a los 17 años, cada vez que iba a casa de mi padre, me asomaba a su despacho. A veces se dormía en el sillón del escritorio, con la cabeza hacia atrás, en silencio. Me quedaba allí asomada largo rato, intentando convencerme y cerciorarme siempre de lo mismo...
Si su pecho se movía, había pasado un día más.
Todavía no.
Late. Sin compás, pero late.
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lunes, 15 de octubre de 2012
Entrada 650. Brújula.
Eluveitie-Anagantios
Era y es cuestión de tiempo.
Todos sabemos que las heridas que siguen abiertas, sangran.Tengo la suerte y la valentía en mi mano como para saber cosérmelas bien.
Si miro más allá de lo que hay delante de mis ojos, alcanzo a entrar en mi propia mente.
Un prado verde. Un día de lluvia. Música. Quizás nieve.
A veces mi cabeza me deja sola en medio de parajes que nunca he llegado a conocer.
Cuando noto un latido, tengo compañía. No os diré su nombre aún, no es necesario.
Llevaba demasiados años perdido entre pensamientos. Creí que jamás llegaría. Ha venido solo. Quiere quedarse. Ya no recordaba lo que era compartir un mismo sentimiento con otro ser. No tan equilibrado.
Soy una balanza dentro de mi propio cuerpo.
Nunca demasiado. Nunca insuficiente. Lo justo, lo necesario para no estrellarme.
La historia que escribió para mí, terminó cambiando hasta mi forma de latir. La esencia necesita volver a ser intocable. No sabe nada de esto. Nada ha vuelto a ser como antes. Quiero resurgir de mis cenizas. Siempre he tenido alas, aunque a veces no supiera de ellas. Me perdí, me rompí en mil pedazos. Ahora estoy congelada. El invierno vino a verme antes que a todos los demás.
No es culpa mía si entró por la ventana. No me avisó, pero me acompaña hasta el día de hoy. Luego llegó el lobo, lamió mis lágrimas y prometió quedarse hasta que el hielo desapareciera. No le importó lo rota que estuviera, porque quería quedarse. Me miró a los ojos. Los suyos, fríos como la escarcha, me tocaron el corazón. Decidí que le quería a mi lado, a pesar del miedo y otros factores. Susurró diciendo "somos intemporales, tendrás que compartirme con la Luna". Acepté sus condiciones a sabiendas de que pasara lo que pasara, guardaría mis espaldas.
No he encontrado el camino. A veces creo que me he encontrado a mí misma entre toda la niebla. No sé si es una ilusión. Debo mirar más allá de lo tangible. Puedo reconocerme entre tantas sombras, pero no me veo con claridad. Las cosas han cambiado. Nosotros hemos cambiado. Mis cicatrices siguen presentes, recordándome cada paso y cada golpe. Levanto la cabeza con orgullo. Me digo a mí misma y reafirmo que no me arrepiento. No hay etapas existentes. No hay ni pasado ni presente, y no quiero pensar en el futuro.
Necesito volver a sentir. Hundir la cabeza en el agua de este río, aguantar la respiración. Volver a la superficie y respirar, al borde del precipicio que conozco desde hace ya tantos años.
A veces morir, parece ser menos doloroso que esto.
Los cuervos han vuelto a mi ventana y el frío se ha metido dentro de mí.
Llevo tatuada mi propia brújula, así que por favor...
Esta vez, no necesito que vengas a salvarme.
[...]
Llevo 3 meses sin escribir absolutamente nada. Ni aquí, ni en ningún sitio.
Simplemente, me alegro de poder volver a hacerlo. Estoy saliendo de la coraza.
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Zoe
domingo, 1 de abril de 2012
Señores, permítanme...
que les cuente una historia.
La historia habla de mi misma.
Si ustedes me leen sabrán bien lo que me está pasando.
Es la primera y quizás, la última vez que hable sin metáforas...
Así que presten atención.
Actualmente y desde hace unos meses, exactamente desde Septiembre, las cosas en mi vida dejaron de ser estables por ciertos motivos que a nadie interesan. Todo se hizo extremadamente difícil en todos los aspectos. Familia, amigos, pareja, dinero, estudios... Y no porque yo quisiera. Una cosa llevaba a la otra y era completamente incontrolable. Siempre he intentado llevarlo todo lo mejor posible y a su ritmo, pero había cosas que no podía solucionar y me bloqueaba. Así que simplemente me dejé. Sin más. Dejé que cualquier cosa, cualquier viento pudiera arrastrarme, porque me daba igual lo que pasara conmigo. Probé muchas cosas que jamás hubiera probado, porque yo antes apreciaba cada segundo de mi vida, pero en aquellos momentos nada en absoluto tenía sentido... O quizás si, pero yo no podía verlo porque el dolor lo tapaba.
Pasaron los meses. Conocí a una persona maravillosa, ¿saben?. Esa persona me ayudó simplemente escuchándome y aconsejándome sin saber apenas sobre mi vida. Pero siempre me sonreía. Siempre escuchaba, siempre comprendía, siempre tenía un abrazo para cuando flaqueaba. Y créanme, flaqueaba casi constantemente, pero ahí estaba. Las cosas fueron cambiando. Tomé decisiones. Dejé a mi pareja. Lo dejamos de mutuo acuerdo aunque sigamos siendo amigos, pero después de casi tres años fue muy difícil. Aún lo es. No pasa un sólo día sin que añore mil momentos. A veces no se echa de menos a la persona en si, sino los momentos que vivías con ella, el amor que sentía por ti y que piensas que no volverá a repetirse. Es jodidamente complicado levantarse cada día sabiendo que tienes que acostumbrarte a que ya no hay nadie ahí constantemente velando por ti porque te quiere, no puedes exigir a nadie que te rescate cuando sientas que no podrías estar más perdida. Y entonces notas la ausencia... y te sientes sola.
Murió mi tío, el padre de mi prima, más hermana que prima y ella se quedó prácticamente sola. Ahí estuve intentando ayudarla todo lo que pude. Dando lo mejor de mi. Tuve problemas con mi padre, como casi siempre, pero esta vez por ponerme limitaciones que me impedían continuar con mi vida propia. Mi madre empezó a ponerse enferma. Hace poco supimos que era crónico. Empecé a alejarme de mi mejor amigo. Empecé a alejarme de todo el mundo. Empecé a encerrarme en mi. Sólo quería ver a aquella persona que conocí en Octubre y que seguía ayudándome al pie del cañón. Iba a clase, sonreía con mi máscara más perfecta. Me inventaba excusas estúpidas para no decir que simplemente no podía ir por problemas económicos. Luego salía de allí y me reunía con esa persona que cuando aparecía y me daba un abrazo, hacía que se dispersaran todos los malos recuerdos y sentimientos. Y era el mejor día de mi semana.
He estado bien un largo tiempo después. Mi primera Navidad en casa desde hace años. Primera Navidad sin amigos. Yo aquí no tengo a nadie, fui perdiendo a la gente progresivamente con el paso de los años por peleas o por simples distanciamientos porque muchos se fueron a estudiar a otras ciudades. Me paso los días metida en casa. Tengo fobia social. Me da un miedo terrible salir sola a la calle, me agobia, hace que quiera esconderme donde menos personas haya. Aún así, me he sentido bien un largo tiempo después de mi catarsis. Incluso he sido feliz a sabiendas de que la felicidad no dura por siempre, pero eso se te olvida cuando el corazón te late tan fuerte que parece que se te va a salir del pecho.
Pero volví a caer. Una vez más. Volví a hacerme daño. Volví a hundirme, pero esta vez fue distinto. Fue como un mazazo en la cabeza. El definitivo. Ese que te dice "despierta, es todo una ilusión, nada dura por siempre". Y me agoté y caí en redondo. Desengaño tras desengaño. Adiós a las ilusiones. Llegué a pasarme dos días seguidos llorando horas y horas encerrada en este cuarto sin que nadie supiera nada. Luego pedí ayuda. Es lo último que habría pedido nunca. Y por fin mi madre se dio cuenta de que lo necesitaba. Quise ir al psicólogo, pero me derivaron al psiquiatra. En la sala de espera llegué a sentirme una loca sin remedio rodeada de personas que estaban perdidas. Ese señor hablaba con tranquilidad y me decía que lo que me pasaba no era culpa mía, que venía de muchos años atrás, de cuando tenía tres años y todo mi futuro cambió a raíz de un solo día. Que no me mandaría antidepresivos, porque sólo servían para casos concretos de depresión por un tema en cuestión, como muerte de un familiar, etc. Así que lo único que me recetó fueron pastillas para controlar mis estados de ánimo y así no hundirme cuando tuviera un mal episodio. Son las pastillas que me dejan dormida sin más y con mil efectos secundarios. Supongo que intentan hacer que no sienta el dolor, pero es absurdo cuando lo sientes, aunque sea muy tenue, y lloras por horas y no comprendes el porqué. Ya no sé si estoy bien porque estoy mejorando o porque tomo pastillas. Han solucionado un poco la fobia social. Me recomendaron que buscara hobbies y metas, y los he encontrado, pero me faltan las fuerzas. Tengo grandes amigos que me apoyan a diario, y tengo a esa persona a la que quiero y considero mi mitad y a la que siento constantemente a mi lado. Y es algo que considero de lo más importante para salir de esto. Pero es sólo cosa mía. Eso sí... ahora me da pánico estar sola y mi madre ha llegado a ofrecerme dormir con ella. No quiero pensar ni un solo segundo. Y cuando digo pánico es pánico. Lloro, intento dormirme para no pensar en nada, me pongo nerviosa... sumo a todo esto que padezco ansiedad y los ataques son muy fuertes.
¿Quieren saber la raíz de que esté así?
Señores, yo nunca fui una mala niña. Ni una mala estudiante. De hecho aunque vistiera raro se me consideraba la alumna más inteligente de mi clase y mis profesores siguen diciendo lo mucho que les sorprendo y lo profunda que soy. Yo nunca he tenido problemas con el alcohol, ni con el tabaco, ni con las drogas. Yo siempre he sido buena estudiante, nunca he mentido a mi familia. Siempre he sido la mejor de las amigas. Nunca he dado problemas a mis padres.
La raíz de mis problemas son los conflictos entre ellos.
Padres que no se hablan, padres que se evitan. Padres que se sienten desconocidos tras muchísimos años de separación y un millón de broncas y espectáculos nefastos. Madre sin fuerzas para continuar que tropieza con la misma piedra una y otra vez hasta sentirse completamente inútil para amar, pero que saca el coraje de su interior por "sus niños". Madre que siempre intenta sonreír aunque las cosas estén mal. Madre que asume que se ha equivocado y que jamás dirá que fue una víctima. Padre que no supo ser padre, ni sabe. Padre que nunca jamás en toda mi vida me ha dicho que me quiere o me ha dado un abrazo. Padre que cuando se ha equivocado jamás me ha pedido perdón. Padre que ha intentado enseñarme todo lo que ha podido pero que no ha comprendido que el cariño y el respeto por los hijos valen mucho más que cualquier cosa material. Padre que a día de hoy hace que sienta que nunca he sido una hija, sino un arma contra la persona a la que odiaba. Un ser moldeable a su imagen y semejanza que nunca quiso ser moldeada y se rebeló hace bien poco, dándose cuenta de que no podía seguir sintiéndose culpable por algo que no podía controlar. Ese padre que me llama y me tiemblan las manos. Ese padre al que no comprendo y apenas conozco. Ese padre que se siente frustrado porque yo no sea él ni haya cumplido sus sueños. Ese padre que no asume que no quiera hablar con él ni ir a verle por el momento porque es mi momento de curarme y que lo peor que puede hacer es humillarme...
Por eso esta carta no va dedicada a mis habituales lectores. Esos pequeños bichos de luz que se cuelan para saber cómo estoy. Esta carta está dedicada a los padres.
Dejen ser a sus hijos crear sus propios caminos. No les obliguen a ser como ustedes. Uno no es padre o madre por engendrar a la criatura. Uno es padre o madre por hacerles crecer y enseñarles a tener una vida propia y estar ahí en todo momento. Escúchenlos. Intenten comprenderlos. A veces es difícil, a veces creerán que lo saben todo sobre ellos pero realmente no sabrán nada porque jamás les han dejado explicarse. Libérenlos. Dejen que sean ellos mismos. No les obliguen a cumplir sus sueños frustrados, anímenlos a que cumplan los suyos propios. Déjenlos volar libres y seguir sus propias vidas, aprender de sus errores y recolectar experiencias. Les garantizo que si hacen esto, ellos volarán sabiendo que sus padres siempre estuvieron ahí pasara lo que pasara y apreciarán cada detalle y cada momento con ustedes. Y entonces volverán de manera continua para contarles lo feliz que es gracias a sus esfuerzos por permitirle seguir su camino. Crean, crean ciegamente, pongan la mano en el fuego por sus hijos y ellos les amarán eternamente porque sabrán que siempre estuvieron ahí...
Ustedes no quieren que acaben tal cual estoy yo ahora. Sintiendo que me muero por dentro por muchas fuerzas que le ponga. Quiero salir. Por supuesto, pero es una pelota enorme de mil cosas que llevan mil años dentro de mi. Hay padres que no saben ser padres. Si ven a sus hijos llorar incluso no son capaces de escuchar su dolor. Si las cosas siguen así sus hijos simplemente se irán en cuanto tengan oportunidad y puedo jurar que jamás volverán a saber de ellos. si eso de vez en cuando, y como una visita fugaz. Seguro que no quieren eso. Hay cosas que los hijos no sabemos perdonar porque el dolor es perpetuo. Háganme caso. Sólo son recomendaciones a partir de experiencias y con el mayor de los respetos.
Sólo podría terminar esta carta de una forma, y es dándote las gracias mamá.
No por ser mi madre, sino por saber ser madre con todas las consecuencias, escucharme y levantarme a pesar de tu propio dolor. Te quiero, siempre, es algo que no va a cambiar aunque tengamos días malos.
Tomen ejemplo.
Ustedes querrían que sus hijos sintieran lo que yo siento por ella.
Gánenselo.
Un abrazo y buenas noches.
La historia habla de mi misma.
Si ustedes me leen sabrán bien lo que me está pasando.
Es la primera y quizás, la última vez que hable sin metáforas...
Así que presten atención.
Actualmente y desde hace unos meses, exactamente desde Septiembre, las cosas en mi vida dejaron de ser estables por ciertos motivos que a nadie interesan. Todo se hizo extremadamente difícil en todos los aspectos. Familia, amigos, pareja, dinero, estudios... Y no porque yo quisiera. Una cosa llevaba a la otra y era completamente incontrolable. Siempre he intentado llevarlo todo lo mejor posible y a su ritmo, pero había cosas que no podía solucionar y me bloqueaba. Así que simplemente me dejé. Sin más. Dejé que cualquier cosa, cualquier viento pudiera arrastrarme, porque me daba igual lo que pasara conmigo. Probé muchas cosas que jamás hubiera probado, porque yo antes apreciaba cada segundo de mi vida, pero en aquellos momentos nada en absoluto tenía sentido... O quizás si, pero yo no podía verlo porque el dolor lo tapaba.
Pasaron los meses. Conocí a una persona maravillosa, ¿saben?. Esa persona me ayudó simplemente escuchándome y aconsejándome sin saber apenas sobre mi vida. Pero siempre me sonreía. Siempre escuchaba, siempre comprendía, siempre tenía un abrazo para cuando flaqueaba. Y créanme, flaqueaba casi constantemente, pero ahí estaba. Las cosas fueron cambiando. Tomé decisiones. Dejé a mi pareja. Lo dejamos de mutuo acuerdo aunque sigamos siendo amigos, pero después de casi tres años fue muy difícil. Aún lo es. No pasa un sólo día sin que añore mil momentos. A veces no se echa de menos a la persona en si, sino los momentos que vivías con ella, el amor que sentía por ti y que piensas que no volverá a repetirse. Es jodidamente complicado levantarse cada día sabiendo que tienes que acostumbrarte a que ya no hay nadie ahí constantemente velando por ti porque te quiere, no puedes exigir a nadie que te rescate cuando sientas que no podrías estar más perdida. Y entonces notas la ausencia... y te sientes sola.
Murió mi tío, el padre de mi prima, más hermana que prima y ella se quedó prácticamente sola. Ahí estuve intentando ayudarla todo lo que pude. Dando lo mejor de mi. Tuve problemas con mi padre, como casi siempre, pero esta vez por ponerme limitaciones que me impedían continuar con mi vida propia. Mi madre empezó a ponerse enferma. Hace poco supimos que era crónico. Empecé a alejarme de mi mejor amigo. Empecé a alejarme de todo el mundo. Empecé a encerrarme en mi. Sólo quería ver a aquella persona que conocí en Octubre y que seguía ayudándome al pie del cañón. Iba a clase, sonreía con mi máscara más perfecta. Me inventaba excusas estúpidas para no decir que simplemente no podía ir por problemas económicos. Luego salía de allí y me reunía con esa persona que cuando aparecía y me daba un abrazo, hacía que se dispersaran todos los malos recuerdos y sentimientos. Y era el mejor día de mi semana.
He estado bien un largo tiempo después. Mi primera Navidad en casa desde hace años. Primera Navidad sin amigos. Yo aquí no tengo a nadie, fui perdiendo a la gente progresivamente con el paso de los años por peleas o por simples distanciamientos porque muchos se fueron a estudiar a otras ciudades. Me paso los días metida en casa. Tengo fobia social. Me da un miedo terrible salir sola a la calle, me agobia, hace que quiera esconderme donde menos personas haya. Aún así, me he sentido bien un largo tiempo después de mi catarsis. Incluso he sido feliz a sabiendas de que la felicidad no dura por siempre, pero eso se te olvida cuando el corazón te late tan fuerte que parece que se te va a salir del pecho.
Pero volví a caer. Una vez más. Volví a hacerme daño. Volví a hundirme, pero esta vez fue distinto. Fue como un mazazo en la cabeza. El definitivo. Ese que te dice "despierta, es todo una ilusión, nada dura por siempre". Y me agoté y caí en redondo. Desengaño tras desengaño. Adiós a las ilusiones. Llegué a pasarme dos días seguidos llorando horas y horas encerrada en este cuarto sin que nadie supiera nada. Luego pedí ayuda. Es lo último que habría pedido nunca. Y por fin mi madre se dio cuenta de que lo necesitaba. Quise ir al psicólogo, pero me derivaron al psiquiatra. En la sala de espera llegué a sentirme una loca sin remedio rodeada de personas que estaban perdidas. Ese señor hablaba con tranquilidad y me decía que lo que me pasaba no era culpa mía, que venía de muchos años atrás, de cuando tenía tres años y todo mi futuro cambió a raíz de un solo día. Que no me mandaría antidepresivos, porque sólo servían para casos concretos de depresión por un tema en cuestión, como muerte de un familiar, etc. Así que lo único que me recetó fueron pastillas para controlar mis estados de ánimo y así no hundirme cuando tuviera un mal episodio. Son las pastillas que me dejan dormida sin más y con mil efectos secundarios. Supongo que intentan hacer que no sienta el dolor, pero es absurdo cuando lo sientes, aunque sea muy tenue, y lloras por horas y no comprendes el porqué. Ya no sé si estoy bien porque estoy mejorando o porque tomo pastillas. Han solucionado un poco la fobia social. Me recomendaron que buscara hobbies y metas, y los he encontrado, pero me faltan las fuerzas. Tengo grandes amigos que me apoyan a diario, y tengo a esa persona a la que quiero y considero mi mitad y a la que siento constantemente a mi lado. Y es algo que considero de lo más importante para salir de esto. Pero es sólo cosa mía. Eso sí... ahora me da pánico estar sola y mi madre ha llegado a ofrecerme dormir con ella. No quiero pensar ni un solo segundo. Y cuando digo pánico es pánico. Lloro, intento dormirme para no pensar en nada, me pongo nerviosa... sumo a todo esto que padezco ansiedad y los ataques son muy fuertes.
¿Quieren saber la raíz de que esté así?
Señores, yo nunca fui una mala niña. Ni una mala estudiante. De hecho aunque vistiera raro se me consideraba la alumna más inteligente de mi clase y mis profesores siguen diciendo lo mucho que les sorprendo y lo profunda que soy. Yo nunca he tenido problemas con el alcohol, ni con el tabaco, ni con las drogas. Yo siempre he sido buena estudiante, nunca he mentido a mi familia. Siempre he sido la mejor de las amigas. Nunca he dado problemas a mis padres.
La raíz de mis problemas son los conflictos entre ellos.
Padres que no se hablan, padres que se evitan. Padres que se sienten desconocidos tras muchísimos años de separación y un millón de broncas y espectáculos nefastos. Madre sin fuerzas para continuar que tropieza con la misma piedra una y otra vez hasta sentirse completamente inútil para amar, pero que saca el coraje de su interior por "sus niños". Madre que siempre intenta sonreír aunque las cosas estén mal. Madre que asume que se ha equivocado y que jamás dirá que fue una víctima. Padre que no supo ser padre, ni sabe. Padre que nunca jamás en toda mi vida me ha dicho que me quiere o me ha dado un abrazo. Padre que cuando se ha equivocado jamás me ha pedido perdón. Padre que ha intentado enseñarme todo lo que ha podido pero que no ha comprendido que el cariño y el respeto por los hijos valen mucho más que cualquier cosa material. Padre que a día de hoy hace que sienta que nunca he sido una hija, sino un arma contra la persona a la que odiaba. Un ser moldeable a su imagen y semejanza que nunca quiso ser moldeada y se rebeló hace bien poco, dándose cuenta de que no podía seguir sintiéndose culpable por algo que no podía controlar. Ese padre que me llama y me tiemblan las manos. Ese padre al que no comprendo y apenas conozco. Ese padre que se siente frustrado porque yo no sea él ni haya cumplido sus sueños. Ese padre que no asume que no quiera hablar con él ni ir a verle por el momento porque es mi momento de curarme y que lo peor que puede hacer es humillarme...
Por eso esta carta no va dedicada a mis habituales lectores. Esos pequeños bichos de luz que se cuelan para saber cómo estoy. Esta carta está dedicada a los padres.
Dejen ser a sus hijos crear sus propios caminos. No les obliguen a ser como ustedes. Uno no es padre o madre por engendrar a la criatura. Uno es padre o madre por hacerles crecer y enseñarles a tener una vida propia y estar ahí en todo momento. Escúchenlos. Intenten comprenderlos. A veces es difícil, a veces creerán que lo saben todo sobre ellos pero realmente no sabrán nada porque jamás les han dejado explicarse. Libérenlos. Dejen que sean ellos mismos. No les obliguen a cumplir sus sueños frustrados, anímenlos a que cumplan los suyos propios. Déjenlos volar libres y seguir sus propias vidas, aprender de sus errores y recolectar experiencias. Les garantizo que si hacen esto, ellos volarán sabiendo que sus padres siempre estuvieron ahí pasara lo que pasara y apreciarán cada detalle y cada momento con ustedes. Y entonces volverán de manera continua para contarles lo feliz que es gracias a sus esfuerzos por permitirle seguir su camino. Crean, crean ciegamente, pongan la mano en el fuego por sus hijos y ellos les amarán eternamente porque sabrán que siempre estuvieron ahí...
Ustedes no quieren que acaben tal cual estoy yo ahora. Sintiendo que me muero por dentro por muchas fuerzas que le ponga. Quiero salir. Por supuesto, pero es una pelota enorme de mil cosas que llevan mil años dentro de mi. Hay padres que no saben ser padres. Si ven a sus hijos llorar incluso no son capaces de escuchar su dolor. Si las cosas siguen así sus hijos simplemente se irán en cuanto tengan oportunidad y puedo jurar que jamás volverán a saber de ellos. si eso de vez en cuando, y como una visita fugaz. Seguro que no quieren eso. Hay cosas que los hijos no sabemos perdonar porque el dolor es perpetuo. Háganme caso. Sólo son recomendaciones a partir de experiencias y con el mayor de los respetos.
Sólo podría terminar esta carta de una forma, y es dándote las gracias mamá.
No por ser mi madre, sino por saber ser madre con todas las consecuencias, escucharme y levantarme a pesar de tu propio dolor. Te quiero, siempre, es algo que no va a cambiar aunque tengamos días malos.
Tomen ejemplo.
Ustedes querrían que sus hijos sintieran lo que yo siento por ella.
Gánenselo.
Un abrazo y buenas noches.
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lunes, 19 de marzo de 2012
Una carta para todos.
Me llamo Ana Zoe, tengo 19 años (casi 20 en primavera) y no sé muy bien qué me pasa, aunque sé que estoy enferma.
Esto es una carta que necesito escribir. Cosas que necesito deciros a las personas más importantes. No sé cuantos de vosotros me leeréis finalmente, pero espero que lo hagáis.
Esto se lee escuchando:
-Papá, no sé si habrás encontrado este blog, aunque sé de sobras que intentas espiarme por todos los medios. Vi aquellas fotos en tu disco duro por error cuando intentabas enseñarme fotos de cuando era pequeña. Cambié la url de este sitio para que no me leyeras más, pero no sé si he conseguido que dejes de intentar comprenderme leyéndome en lugar de hablar conmigo. Siento no cogerte el teléfono. Siento no contestarte a los sms, pero en estos momentos de mi vida no estoy preparada para que me digan lo inútil que soy por no tener fuerzas para llevar mi vida. Todos flaqueamos. Algún día te explicaré porqué siento todas estas cosas, en ese día en el que tu tengas el valor de escucharme sin juzgarme y sin interrumpirme. En ese momento en el que pueda decirte que estoy mal y pueda llorar delante de ti sin que me mires como si fuera la persona más débil del mundo. No soy tu. Nunca seré tu. Nunca seré lo que tu quieras. Seré yo. Lo que he sido siempre. Esto es lo que soy. Quiéreme así porque esto es lo que la vida ha hecho de mi. No cambiaré por nadie si es así como soy feliz. Me ha costado aprenderlo. Me ha costado asumirlo. Es un todo o nada. Yo te acepto como eres, aunque no me comprendas ni me escuches. Aunque no me entiendas. Pero te prometo que en el momento en el que me recupere hablaremos. O al menos, intentaré darte alguna explicación. Es mi momento.
-Mamá, simplemente gracias. Sé que no son tus mejores tiempos. Sé que incluso te cuesta moverte, hacer una vida normal. Sé que tienes dolores horribles. Sé que te es muy difícil. Pero también me he dado cuenta de cuanto me quieres. Quizá no hayamos hablado lo suficiente. Quizá yo no sepa abrirme a los demás. Quizá me de vergüenza flaquear cuando lo que he intentado siempre ha sido ser fuerte delante de ti. Lo conseguí, hasta que no pude más, pero tengo que agradecer que lo comprendas. Que a pesar de todo, de mis horas llorando en tus brazos y de mis constantes agonías tu me hayas levantado por las mañanas, me hayas vestido de colores, limpiado el cuarto y haberme obligado a comer. Sin ti no. Desde luego que no. Sin ti, sin la llamada de socorro que tan bien encajaste, no podría haber decidido pedir ayuda. Gracias. Por todo, desde el principio.
-Mario, lo siento. He intentado toda mi vida protegerte. Lo sabes. Te quiero más que a nadie en esta familia extraña que tenemos. Sabes que eres más que mi hermano pequeño. Eres mi debilidad. No podría sentirme más orgullosa de tenerte de lo que me siento. Puedo presumir de tener a mi lado a ya todo un hombre que merece la pena como ninguno. Ya has crecido. Ni siquiera me he dado cuenta y ya eres más alto que yo. Se alejaron los años en los que jugábamos en la calle con cajas de cartón simulando naves espaciales mientras sonaba Bob Dylan en el ford gris de papá. Yo no lo olvido. No puedo hacerlo. Te miro y ahí estás, al final del pasillo. Me despierto en las mañanas de sábado y estás tocando la guitarra. Cuando sabes que estoy mal siempre te sientas en mi cama y tocas para que yo te cante. Siempre que vas a comprar me traes algo que me gusta. Estás ahí. Siento que me hayas visto flaquear. Se supone que yo no flaqueo, que yo soy la que te sostiene si flaqueas. Siento que me hayas visto llorar de cansancio, siento que me hayas oído decir que no podía seguir más en este camino. Siento que me hayas visto al borde. Siento que hayas sido el único que haya visto la historia de mi vida desde un segundo plano, pero con los mismos ojos con los que yo la vi. Gracias por mantenerte a flote. Gracias por demostrar que tu también podías sostenerme. Estoy orgullosa de lo que el tiempo y el esfuerzo han hecho de ti. No cambies nunca enano.
-Abuela, ¿qué decirte? Eres impresionante. Mi madre. Una madre de verdad, de esas que cuentan cuentos, te obligan a comerte todo el plato y te regañan si la lías. Yo a tu edad quiero ser como tu. Aunque sé que es muy difícil porque tu eres perfecta. Te quiero. Adoro que siempre me escuches, aunque sean tonterías. Adoro cuando te emociono y camuflas tan bien las lágrimas que no me doy ni cuenta hasta que te las secas. Adoro que intentes hincharme a comer y siempre intentes que vuelva a ser rubia. Adoro que cuides mi cuarto, en el que he dormido siempre cuando vivía contigo. Adoro que sigas lavando y cosiendo mi muñeca de trapo. Adoro que siempre huelas tan bien y sonrías. Adoro tus ansias de seguir aprendiendo, tus anécdotas. Te adoro. Es así. Eres perfecta. Ojalá seas eterna. Para mi lo serás siempre.
-Tata, es decir o escribir tu nombre y reír. Dos veces contadas te he visto llorar en mi vida y una fue por mi. Gracias por tu paciencia. Gracias por los regalos inesperados, por las llamadas de preocupación, por los mil detalles. Por tratarnos como a hijos más que como sobrinos. Por ser tu, por ser como eres, por ese espíritu de niña que espero que nunca pierdas. Eres maravillosa y cualquiera que te conozca o esté a tu lado sabrá lo que vales y cuanto merece la pena tenerte. Valoro de ti cada esfuerzo, cada sacrificio que haces por seguir adelante a pesar de las adversidades. Eres pequeña pero grande, tan grande que ni te das cuenta. Te quiero.
-Prima, hermana, te quiero. Has vivido conmigo cada batalla que he librado en primera persona. Conoces mi historia como nadie, porque estuviste ahí. Comprendes cada lágrima y siempre tienes un plan para sacarme de la realidad o las tristezas. Eres esa hermana que siempre quise y gracias a ti nunca me faltó. Estoy aquí, he estado en los peores momentos. Aquí seguiré. Sé que no lo dudas.
-Rocío...las palabras se me quedan muy cortas. Hermana. Amiga. Antítesis. Esa persona que me vio llorar de pena y me regaló su oso de peluche de la infancia. Esa persona que me salvó y me alejó para llevarme al mar. Que me incluyó en su mundo, me presentó a sus amigos y se convirtió en mi familia. Esa persona que me acogió en fin de año. Esa persona que siempre me llama cuando sabe que lo necesito y cuando no. Esa persona que comparte cada regalo que le hacen conmigo, que me lleva a pasear, que me regala ropa, que me ha hecho los mejores regalos de mi vida. Esa persona que jamás me ha mentido, que ha confiado en mi y me ha apartado de lo malo mil veces... Que crea conmigo, que me inspira, que comparte sueños. Esa persona que llora cuando piensa en nuestra vejez aún juntas en la que creemos fervientemente... Te quiero. Más que eso. Mato por ti. Muero por ti. Me salvaste la vida. Sigues ahí. Cinco años se me hacen cortos cuando los he vivido contigo... Eres indescriptible.
-Karlos, simplemente gracias. Por estar ahí sin tener que estarlo. Por mantenerte a mi lado después de tres años y un supuesto fin. Por ser el amigo perpetuo que te escucha aunque le duela el alma, el que te salva cuando estás perdido, el que siempre te hace favores, el que te sonríe incluso cuando está mal y te dice que todo irá bien. El que es sincero, el que admite sus errores, el que no te abandona... Son demasiadas cosas que sabes que pienso y que mil veces te he escrito. Esto no tiene un fin.
-Yeray, esto se me hace difícil. Sabemos que han pasado mil cosas, pero estás ahí. No sé ni como. Sé que soy difícil, que has intentado ayudarme millones de veces, que te has sentido frustrado por no poder sacarme del hoyo y que aún así has seguido luchando. Entiendo cada uno de tus cansancios y sé leer como te sientes solo con mirarte a los ojos. Decirte que te agradezco todo lo que has hecho y haces es decir poquísimo. Gracias por mantenerte en pie cuando yo ni siquiera sabía hacerlo. Sabes que te quiero. Sabes que me importas. Sabes que me tienes aquí.
-Alfredo, gracias. Por las promesas, por permanecer ahí a pesar de todo lo ocurrido. Tres años se dicen muy pronto. Gracias por ser como de mi familia y por darme ánimos y motivación. Gracias por las canciones a dúo, por las esperanzas y por los sueños compartidos y por compartir. Gracias por tener los cojones que a mi me han faltado para levantarte tu y levantarme a mi. Gracias por ser como eres. Y si nos escuece...escuchamos Free Bird.
-María Protozoo, gracias por tu infinita paciencia. Por tu adorabilidad. Por tus rebotes (incluso, ¿eh? :D) que sabes que te quiero por lo que eres y como eres y me importas muchísimo pase lo que pase. Que sé que estás ahí y que tienes que encontrar tu propio camino, pero siempre tendrás mi manita pase lo que pase por si quieres que te ayude a buscarlo. I'm here.
-Bianca, mi pequeña chica de rojo. Somos morado si te unes a mi azul. Me descubriste un mundo nuevo que me abrió la mente y me hizo ver que yo también podía conseguirlo. Me llevaste a tu hogar, me diste cobijo y aguantaste cada tontería. Te echo de menos a diario. Tengo todos tus regalos y cartas guardados como tesoros. Esto empezó hace años y aún continúa nuestra historia. Queda para largo. Volveremos a encontrarnos. Sabes que eres mi niña y que estaré aquí pase lo que pase.
-Salo y Estela, la piña indestructible que todos los días cuidan de mi para verme sonreír. ¿Qué decir? Nos quedan muchas noches de desenfreno juntas, pequeñas, para reír y llorar si es necesario. Mucho arte que crear, muchos secretos que contar. Somos indestructibles. Sigamos así. Podemos. Sabemos que podemos. Os quiero, lo sabéis de sobra. Sois pura adrenalina.
- Victoria Karr, señorita gallega, gracias por todas tus cartas, tus ánimos constantes, tus preocupaciones y por quererme en la distancia, escucharme y aconsejarme a cada minuto. Gracias por toda la atención y por todo el empeño... De veras princesa de verde, no podría sentirme más orgullosa de tenerte.
-Paula y Ameba, esas amigas omnipresentes. Gracias por estar ahí al pie del cañón a pesar del tiempo que ha pasado, a pesar de que no me haya dejado ni ver y haya tenido miedo de mi sombra. Gracias por confiar, por las cervezas, los abrazos, las miles de bromas y de sonrisas. Las canciones de borrachera y las fotos estúpidas... Sabéis que sois especiales, ¿verdad? Es lo que cuenta. Os adoro a muerte.
-Koki... cualquier cosa que diga aquí de ti se me va a quedar corto cuando sabes perfectamente que llenaría folios y folios hablando de cada detalle que compartimos. Mágico. Único. Mi luciérnaga. Iluminando cada estancia que pisas desde el minuto uno. Siempre con una sonrisa guardada y una caricia en la mejilla para hacerme levantar la cabeza y dejar de mirar al suelo para mirar al frente y seguir adelante. Me enseñaste a mirar hacia atrás sólo para ver cómo había mejorado. Me importas tantísimo... Me has enseñado tanto... Y lo que sé que me queda por aprender de ti. Te admiro por quien eres, por quien me haces ser. Admiro el valor que tienes para seguir adelante. Sé que me sentiré aún más orgullosa de ti con el paso del tiempo, porque puedo poner la mano en el fuego de lo mucho que mereces la pena. Adoro que valores cada tontería, cada gesto que te regalo. Adoro que me valores como persona, que seas capaz de decirme que estarías ahí siempre a pesar de las adversidades. Adoro que me protejas, que me cuides y adoro sentirme pequeña y tranquila con alguien por una vez en la vida. Sin la necesidad de estar en guardia. Adoro la historia al completo, desde el principio. Me siento orgullosa de la primera llamada, del primer café y hasta del farolazo. Del día de lluvia y sol intermitente. Guardo cada pequeño recuerdo de nuestros días, metro, cafeterías, parques... lo que nos queda. Mi trocito de puzzle. Sigamos encajando sin etiquetas y a contra corriente. Sigamos existiendo. Te quiero, a morir.
Escribir esto me ha costado muchísimo. Ni os lo imagináis. Pero aquí está. Y es lo más sincero que podría deciros...
GRACIAS A TODOS, SIN EXCEPCIÓN, POR SER LO QUE SOIS Y QUIENES SOIS, POR HACERME SER LA PERSONA QUE SOY HOY EN DÍA. OS QUIERO.
Zoe.
Esto es una carta que necesito escribir. Cosas que necesito deciros a las personas más importantes. No sé cuantos de vosotros me leeréis finalmente, pero espero que lo hagáis.
Esto se lee escuchando:
-Papá, no sé si habrás encontrado este blog, aunque sé de sobras que intentas espiarme por todos los medios. Vi aquellas fotos en tu disco duro por error cuando intentabas enseñarme fotos de cuando era pequeña. Cambié la url de este sitio para que no me leyeras más, pero no sé si he conseguido que dejes de intentar comprenderme leyéndome en lugar de hablar conmigo. Siento no cogerte el teléfono. Siento no contestarte a los sms, pero en estos momentos de mi vida no estoy preparada para que me digan lo inútil que soy por no tener fuerzas para llevar mi vida. Todos flaqueamos. Algún día te explicaré porqué siento todas estas cosas, en ese día en el que tu tengas el valor de escucharme sin juzgarme y sin interrumpirme. En ese momento en el que pueda decirte que estoy mal y pueda llorar delante de ti sin que me mires como si fuera la persona más débil del mundo. No soy tu. Nunca seré tu. Nunca seré lo que tu quieras. Seré yo. Lo que he sido siempre. Esto es lo que soy. Quiéreme así porque esto es lo que la vida ha hecho de mi. No cambiaré por nadie si es así como soy feliz. Me ha costado aprenderlo. Me ha costado asumirlo. Es un todo o nada. Yo te acepto como eres, aunque no me comprendas ni me escuches. Aunque no me entiendas. Pero te prometo que en el momento en el que me recupere hablaremos. O al menos, intentaré darte alguna explicación. Es mi momento.
-Mamá, simplemente gracias. Sé que no son tus mejores tiempos. Sé que incluso te cuesta moverte, hacer una vida normal. Sé que tienes dolores horribles. Sé que te es muy difícil. Pero también me he dado cuenta de cuanto me quieres. Quizá no hayamos hablado lo suficiente. Quizá yo no sepa abrirme a los demás. Quizá me de vergüenza flaquear cuando lo que he intentado siempre ha sido ser fuerte delante de ti. Lo conseguí, hasta que no pude más, pero tengo que agradecer que lo comprendas. Que a pesar de todo, de mis horas llorando en tus brazos y de mis constantes agonías tu me hayas levantado por las mañanas, me hayas vestido de colores, limpiado el cuarto y haberme obligado a comer. Sin ti no. Desde luego que no. Sin ti, sin la llamada de socorro que tan bien encajaste, no podría haber decidido pedir ayuda. Gracias. Por todo, desde el principio.
-Mario, lo siento. He intentado toda mi vida protegerte. Lo sabes. Te quiero más que a nadie en esta familia extraña que tenemos. Sabes que eres más que mi hermano pequeño. Eres mi debilidad. No podría sentirme más orgullosa de tenerte de lo que me siento. Puedo presumir de tener a mi lado a ya todo un hombre que merece la pena como ninguno. Ya has crecido. Ni siquiera me he dado cuenta y ya eres más alto que yo. Se alejaron los años en los que jugábamos en la calle con cajas de cartón simulando naves espaciales mientras sonaba Bob Dylan en el ford gris de papá. Yo no lo olvido. No puedo hacerlo. Te miro y ahí estás, al final del pasillo. Me despierto en las mañanas de sábado y estás tocando la guitarra. Cuando sabes que estoy mal siempre te sientas en mi cama y tocas para que yo te cante. Siempre que vas a comprar me traes algo que me gusta. Estás ahí. Siento que me hayas visto flaquear. Se supone que yo no flaqueo, que yo soy la que te sostiene si flaqueas. Siento que me hayas visto llorar de cansancio, siento que me hayas oído decir que no podía seguir más en este camino. Siento que me hayas visto al borde. Siento que hayas sido el único que haya visto la historia de mi vida desde un segundo plano, pero con los mismos ojos con los que yo la vi. Gracias por mantenerte a flote. Gracias por demostrar que tu también podías sostenerme. Estoy orgullosa de lo que el tiempo y el esfuerzo han hecho de ti. No cambies nunca enano.
-Abuela, ¿qué decirte? Eres impresionante. Mi madre. Una madre de verdad, de esas que cuentan cuentos, te obligan a comerte todo el plato y te regañan si la lías. Yo a tu edad quiero ser como tu. Aunque sé que es muy difícil porque tu eres perfecta. Te quiero. Adoro que siempre me escuches, aunque sean tonterías. Adoro cuando te emociono y camuflas tan bien las lágrimas que no me doy ni cuenta hasta que te las secas. Adoro que intentes hincharme a comer y siempre intentes que vuelva a ser rubia. Adoro que cuides mi cuarto, en el que he dormido siempre cuando vivía contigo. Adoro que sigas lavando y cosiendo mi muñeca de trapo. Adoro que siempre huelas tan bien y sonrías. Adoro tus ansias de seguir aprendiendo, tus anécdotas. Te adoro. Es así. Eres perfecta. Ojalá seas eterna. Para mi lo serás siempre.
-Tata, es decir o escribir tu nombre y reír. Dos veces contadas te he visto llorar en mi vida y una fue por mi. Gracias por tu paciencia. Gracias por los regalos inesperados, por las llamadas de preocupación, por los mil detalles. Por tratarnos como a hijos más que como sobrinos. Por ser tu, por ser como eres, por ese espíritu de niña que espero que nunca pierdas. Eres maravillosa y cualquiera que te conozca o esté a tu lado sabrá lo que vales y cuanto merece la pena tenerte. Valoro de ti cada esfuerzo, cada sacrificio que haces por seguir adelante a pesar de las adversidades. Eres pequeña pero grande, tan grande que ni te das cuenta. Te quiero.
-Prima, hermana, te quiero. Has vivido conmigo cada batalla que he librado en primera persona. Conoces mi historia como nadie, porque estuviste ahí. Comprendes cada lágrima y siempre tienes un plan para sacarme de la realidad o las tristezas. Eres esa hermana que siempre quise y gracias a ti nunca me faltó. Estoy aquí, he estado en los peores momentos. Aquí seguiré. Sé que no lo dudas.
-Rocío...las palabras se me quedan muy cortas. Hermana. Amiga. Antítesis. Esa persona que me vio llorar de pena y me regaló su oso de peluche de la infancia. Esa persona que me salvó y me alejó para llevarme al mar. Que me incluyó en su mundo, me presentó a sus amigos y se convirtió en mi familia. Esa persona que me acogió en fin de año. Esa persona que siempre me llama cuando sabe que lo necesito y cuando no. Esa persona que comparte cada regalo que le hacen conmigo, que me lleva a pasear, que me regala ropa, que me ha hecho los mejores regalos de mi vida. Esa persona que jamás me ha mentido, que ha confiado en mi y me ha apartado de lo malo mil veces... Que crea conmigo, que me inspira, que comparte sueños. Esa persona que llora cuando piensa en nuestra vejez aún juntas en la que creemos fervientemente... Te quiero. Más que eso. Mato por ti. Muero por ti. Me salvaste la vida. Sigues ahí. Cinco años se me hacen cortos cuando los he vivido contigo... Eres indescriptible.
-Karlos, simplemente gracias. Por estar ahí sin tener que estarlo. Por mantenerte a mi lado después de tres años y un supuesto fin. Por ser el amigo perpetuo que te escucha aunque le duela el alma, el que te salva cuando estás perdido, el que siempre te hace favores, el que te sonríe incluso cuando está mal y te dice que todo irá bien. El que es sincero, el que admite sus errores, el que no te abandona... Son demasiadas cosas que sabes que pienso y que mil veces te he escrito. Esto no tiene un fin.
-Yeray, esto se me hace difícil. Sabemos que han pasado mil cosas, pero estás ahí. No sé ni como. Sé que soy difícil, que has intentado ayudarme millones de veces, que te has sentido frustrado por no poder sacarme del hoyo y que aún así has seguido luchando. Entiendo cada uno de tus cansancios y sé leer como te sientes solo con mirarte a los ojos. Decirte que te agradezco todo lo que has hecho y haces es decir poquísimo. Gracias por mantenerte en pie cuando yo ni siquiera sabía hacerlo. Sabes que te quiero. Sabes que me importas. Sabes que me tienes aquí.
-Alfredo, gracias. Por las promesas, por permanecer ahí a pesar de todo lo ocurrido. Tres años se dicen muy pronto. Gracias por ser como de mi familia y por darme ánimos y motivación. Gracias por las canciones a dúo, por las esperanzas y por los sueños compartidos y por compartir. Gracias por tener los cojones que a mi me han faltado para levantarte tu y levantarme a mi. Gracias por ser como eres. Y si nos escuece...escuchamos Free Bird.
-María Protozoo, gracias por tu infinita paciencia. Por tu adorabilidad. Por tus rebotes (incluso, ¿eh? :D) que sabes que te quiero por lo que eres y como eres y me importas muchísimo pase lo que pase. Que sé que estás ahí y que tienes que encontrar tu propio camino, pero siempre tendrás mi manita pase lo que pase por si quieres que te ayude a buscarlo. I'm here.
-Bianca, mi pequeña chica de rojo. Somos morado si te unes a mi azul. Me descubriste un mundo nuevo que me abrió la mente y me hizo ver que yo también podía conseguirlo. Me llevaste a tu hogar, me diste cobijo y aguantaste cada tontería. Te echo de menos a diario. Tengo todos tus regalos y cartas guardados como tesoros. Esto empezó hace años y aún continúa nuestra historia. Queda para largo. Volveremos a encontrarnos. Sabes que eres mi niña y que estaré aquí pase lo que pase.
-Salo y Estela, la piña indestructible que todos los días cuidan de mi para verme sonreír. ¿Qué decir? Nos quedan muchas noches de desenfreno juntas, pequeñas, para reír y llorar si es necesario. Mucho arte que crear, muchos secretos que contar. Somos indestructibles. Sigamos así. Podemos. Sabemos que podemos. Os quiero, lo sabéis de sobra. Sois pura adrenalina.
- Victoria Karr, señorita gallega, gracias por todas tus cartas, tus ánimos constantes, tus preocupaciones y por quererme en la distancia, escucharme y aconsejarme a cada minuto. Gracias por toda la atención y por todo el empeño... De veras princesa de verde, no podría sentirme más orgullosa de tenerte.
-Paula y Ameba, esas amigas omnipresentes. Gracias por estar ahí al pie del cañón a pesar del tiempo que ha pasado, a pesar de que no me haya dejado ni ver y haya tenido miedo de mi sombra. Gracias por confiar, por las cervezas, los abrazos, las miles de bromas y de sonrisas. Las canciones de borrachera y las fotos estúpidas... Sabéis que sois especiales, ¿verdad? Es lo que cuenta. Os adoro a muerte.
-Koki... cualquier cosa que diga aquí de ti se me va a quedar corto cuando sabes perfectamente que llenaría folios y folios hablando de cada detalle que compartimos. Mágico. Único. Mi luciérnaga. Iluminando cada estancia que pisas desde el minuto uno. Siempre con una sonrisa guardada y una caricia en la mejilla para hacerme levantar la cabeza y dejar de mirar al suelo para mirar al frente y seguir adelante. Me enseñaste a mirar hacia atrás sólo para ver cómo había mejorado. Me importas tantísimo... Me has enseñado tanto... Y lo que sé que me queda por aprender de ti. Te admiro por quien eres, por quien me haces ser. Admiro el valor que tienes para seguir adelante. Sé que me sentiré aún más orgullosa de ti con el paso del tiempo, porque puedo poner la mano en el fuego de lo mucho que mereces la pena. Adoro que valores cada tontería, cada gesto que te regalo. Adoro que me valores como persona, que seas capaz de decirme que estarías ahí siempre a pesar de las adversidades. Adoro que me protejas, que me cuides y adoro sentirme pequeña y tranquila con alguien por una vez en la vida. Sin la necesidad de estar en guardia. Adoro la historia al completo, desde el principio. Me siento orgullosa de la primera llamada, del primer café y hasta del farolazo. Del día de lluvia y sol intermitente. Guardo cada pequeño recuerdo de nuestros días, metro, cafeterías, parques... lo que nos queda. Mi trocito de puzzle. Sigamos encajando sin etiquetas y a contra corriente. Sigamos existiendo. Te quiero, a morir.
Escribir esto me ha costado muchísimo. Ni os lo imagináis. Pero aquí está. Y es lo más sincero que podría deciros...
GRACIAS A TODOS, SIN EXCEPCIÓN, POR SER LO QUE SOIS Y QUIENES SOIS, POR HACERME SER LA PERSONA QUE SOY HOY EN DÍA. OS QUIERO.
Zoe.
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sábado, 4 de febrero de 2012
Espirales de demencia
Ya me han vuelto a dar las 6 de la mañana.
A veces cierro los ojos y creo que nada de esto está pasando.
Es algo extraño, para nada recurrente, pero sucede.
Esto se lee escuchando: K's Choice-Not an addict.
La mente en blanco y vuelvo atrás. Tengo un hueco ahí en el medio del pecho que no se cierra ni grapándolo. Es complicado de explicar. Sé que falta algo y que ese algo faltará siempre. El hueco necesita volver al pasado para dejar de existir en mí. Realmente es una obsesión con mi infancia lo que tengo, aunque no fuera feliz. Quizás la inconsciencia de esos días era lo que me hacía sonreír. Es extraño. Si cierro los ojos me teletransporto a aquellos tiempos, pero como viéndolos a través de una cámara lomográfica. Todo con un filtro de fotografía amarillento, casi sepia y las imágenes muy estropeadas... Pero todos sonreímos.
Tengo mis días, como todos, supongo.
Cuando me enfado, grito, lloro y golpeo la pared deseo no haber vivido ni haber visto la mitad de lo que tengo en mi memoria. Necesito ver el mundo desde un enfoque "normal". Niños que crecieron con padres, sin ir de aquí para allá, sin rumores, sin llantos, sin miradas ni acusaciones. Deseo no haberlo estropeado años después tropezando con una piedra casi gemela a la primera. Deseo no haber provocado daños colaterales a personas que no tenían porqué sufrir con todo ese sinsentido...
Pero ya no puedo cambiarlo.
A lo mejor así es como debe de estar.
Sin esas vivencias ni siquiera sería quien soy a día de hoy.
He visto demasiado, repito en mi cabeza.
Cosas que aunque muchos penséis que son "guays" o "de película" nadie debería ver ni vivir.
Cosas de las que es mejor alejarse para siempre.
A veces la locura llama a mis sienes gritándome que quizás ese sea mi destino al fin y al cabo, la espiral de demencia que vi, que viví, sólo era la introducción de la historia.
"¿Acaso no buscas liberación de tu dolor? Puede que esté en todo aquello de lo que huyes" repite mi cabeza.
Pero no puedo hacerlo. No quiero más episodios de los que arrepentirme en el currículum.
Y es entonces cuando me ato las manos mentalmente, me tapo con una manta y me quedo dormida...
O echo a correr.
Sin más.
[Disculpad la paranoia, volveré, lo prometo. Pero con cosas con sentido y demás.]
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martes, 3 de enero de 2012
To Be Or Not To Be...?
Puede que ahora mismo estés leyendo esto.
Sí, ya sabes que va por tí.
Hace tiempo que sé que me lees.
¿Recuerdas aquel día en el que me enseñaste tantas fotos?
De pasada vi algunas que eran mías, que jamás te había enseñado.
Sé de dónde las habías sacado. Sé que me sigues, sé que me lees.
Sé que me interpretas a tu manera, siempre equivocada.
Por eso, sin mencionar ni tu nombre, te dedico esta entrada.
Siempre has sido tú mismo, así que supongo que te será difícil ponerte en mi lugar.
¿Alguna vez has dejado que alguien te manipule? Creo que no.
Ahora cierra los ojos por un momento, y ponte en mi piel, quiero que vivas cada segundo.
Imagina lo duro que puede llegar a ser que alguien te diga que no debes ser tú, porque te pareces a alguien que esa persona odia. Que te impidan ser libre, que te impidan ser justamente lo que eres por naturaleza.
Como una cuerda que te ahoga y te aprieta y no te deja respirar. No sabes qué hacer, cómo hablar, cómo vestirte...cómo debes ser. No hay libertad, ni salidas. No te permiten ser tú. Y puede que cualquiera que lea esto piense "¡Vamos, pasa de eso! Limítate a ser como te salga. ¿Cómo van a impedírtelo?". Pero sólo tú conoces la dureza de las represalias. Así que no quedaba otro remedio que buscar un camino en lo más hondo.
Y créeme, lo encontré. En mi naturaleza más salvaje.
Me decías cómo tenía que ser, paso a paso, qué tenía que decir, qué tenía que leer, qué tenía que pensar, cómo tenía que tratar a los demás. No era justo, porque ni siquiera era humano.
¿Sabes cuántas lágrimas, cuántas heridas y cuántos gritos he tenido que arrastrar para ser yo misma?
¿Sabes lo mucho que duele, que asfixia, tener tanto miedo como para dar con cada paso adelante, ocho hacia atrás? Siempre tratando de complacer a alguien que no lo merece.
No puedes saberlo.
Tú siempre fuiste tú.
Levantarte cada mañana dándole mil vueltas al espejo para ver si todo estaba en su sitio.
Para aprender a mirar más allá, al fondo del todo, y descubrirte.
Me despojé de mis influencias como si fueran trapos viejos, como si no las necesitase.
Me despojé de ella, así me lo hiciste aprender. Pero también me despojé de tí.
De todas las miradas, los gestos, los parecidos. Y entonces fuí libre, y fuí salvaje.
Fuí yo, debajo de todas las máscaras. La que late y la que siente. Lo que soy.
Ya no soy nadie más que yo.
Supongo que en algún momento de mi vida me volví loca y estallé.
Por dentro se formó el caos y todo de lo que estaba formada resurgió a la vez.
Vomité mi alma, quizás.
Y salió la música. Y agarré mi violín, y empecé a cantar.
Salió la pintura. Agarré lápiz y papel y me expresé.
Salió el arte y todo se puso patas arriba, y sonreí.
Salí yo. Salió mi alma para gritar que estaba viva.
Y desde entonces no ha podido parar de gritar todos los días.
A cada segundo.
Lamento que tus planes no salieran bien, pero esto es pura cortesía.
En realidad me alegro quizás de todo aquello, porque seguramente todas esas personas que me rodean, esas a las que miras por encima del hombro, me quieran y me hagan tan feliz precisamente porque soy yo, y no estoy manchada de nadie más.
Gracias por las heridas,
pero ya me las he curado yo misma.
Gracias por las lágrimas,
que me han borrado las máscaras.
Ahora simplemente, soy yo.
Sí, ya sabes que va por tí.
Hace tiempo que sé que me lees.
¿Recuerdas aquel día en el que me enseñaste tantas fotos?
De pasada vi algunas que eran mías, que jamás te había enseñado.
Sé de dónde las habías sacado. Sé que me sigues, sé que me lees.
Sé que me interpretas a tu manera, siempre equivocada.
Por eso, sin mencionar ni tu nombre, te dedico esta entrada.
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| Esto se lee escuchando: Shadows-Lindsey Stirling |
Siempre has sido tú mismo, así que supongo que te será difícil ponerte en mi lugar.
¿Alguna vez has dejado que alguien te manipule? Creo que no.
Ahora cierra los ojos por un momento, y ponte en mi piel, quiero que vivas cada segundo.
Imagina lo duro que puede llegar a ser que alguien te diga que no debes ser tú, porque te pareces a alguien que esa persona odia. Que te impidan ser libre, que te impidan ser justamente lo que eres por naturaleza.
Como una cuerda que te ahoga y te aprieta y no te deja respirar. No sabes qué hacer, cómo hablar, cómo vestirte...cómo debes ser. No hay libertad, ni salidas. No te permiten ser tú. Y puede que cualquiera que lea esto piense "¡Vamos, pasa de eso! Limítate a ser como te salga. ¿Cómo van a impedírtelo?". Pero sólo tú conoces la dureza de las represalias. Así que no quedaba otro remedio que buscar un camino en lo más hondo.
Y créeme, lo encontré. En mi naturaleza más salvaje.
Me decías cómo tenía que ser, paso a paso, qué tenía que decir, qué tenía que leer, qué tenía que pensar, cómo tenía que tratar a los demás. No era justo, porque ni siquiera era humano.
¿Sabes cuántas lágrimas, cuántas heridas y cuántos gritos he tenido que arrastrar para ser yo misma?
¿Sabes lo mucho que duele, que asfixia, tener tanto miedo como para dar con cada paso adelante, ocho hacia atrás? Siempre tratando de complacer a alguien que no lo merece.
No puedes saberlo.
Tú siempre fuiste tú.
Levantarte cada mañana dándole mil vueltas al espejo para ver si todo estaba en su sitio.
Para aprender a mirar más allá, al fondo del todo, y descubrirte.
Me despojé de mis influencias como si fueran trapos viejos, como si no las necesitase.
Me despojé de ella, así me lo hiciste aprender. Pero también me despojé de tí.
De todas las miradas, los gestos, los parecidos. Y entonces fuí libre, y fuí salvaje.
Fuí yo, debajo de todas las máscaras. La que late y la que siente. Lo que soy.
Ya no soy nadie más que yo.
Supongo que en algún momento de mi vida me volví loca y estallé.
Por dentro se formó el caos y todo de lo que estaba formada resurgió a la vez.
Vomité mi alma, quizás.
Y salió la música. Y agarré mi violín, y empecé a cantar.
Salió la pintura. Agarré lápiz y papel y me expresé.
Salió el arte y todo se puso patas arriba, y sonreí.
Salí yo. Salió mi alma para gritar que estaba viva.
Y desde entonces no ha podido parar de gritar todos los días.
A cada segundo.
Lamento que tus planes no salieran bien, pero esto es pura cortesía.
En realidad me alegro quizás de todo aquello, porque seguramente todas esas personas que me rodean, esas a las que miras por encima del hombro, me quieran y me hagan tan feliz precisamente porque soy yo, y no estoy manchada de nadie más.
Gracias por las heridas,
pero ya me las he curado yo misma.
Gracias por las lágrimas,
que me han borrado las máscaras.
Ahora simplemente, soy yo.
"Porque Delirio fué antes Delicia,
pero las cosas cambian..."
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viernes, 9 de septiembre de 2011
Cosas que recuerdo.
Aunque sólo sean detalles.
-Recuerdo cuando mi abuela me despertaba para ir al colegio levantando la persiana, y yo iba al salón y me vestía tapada por la estufa porque hacía mucho frío. Después mi madre me llevaba a clases junto con mi hermano y en especial tengo un flash de ir caminando por la calle contra el viento frío, llevando puestas unas botas rosas que me había regalado mi padre...y que me encantaban.
-Recuerdo la lluvia...como se enfriaban los cristales de mi ventana, se despegaba de la pared el marco y se inundaba la plazoleta de debajo de mi casa. Las naranjas se caían de los árboles y al día siguiente podía darles patadas como si fueran pelotas.
-Recuerdo que cada vez que salía a dar un paseo contenta, intentaba esquivar la maldita papelera de hierro de la esquina, pero siempre me la comía dándome un golpe en la cadera. Por aquel entonces ya era patosa.
-Recuerdo dibujar en la terraza, hacer fotos con mi primera cámara de carrete, una Nikon que me regaló mi padre. No necesitaba nada. Cualquier cosa la podía transformar en un cuento perfecto, en lo que yo quisiera. Crear una historia que pudiera comprender en cualquier momento, simplemente volviendo atrás.
-Recuerdo jugar de pequeña en casa de mi padre...los años más felices de toda mi vida. Mi infancia, mi tesoro eterno, mi alma, mis sueños. Primero estaba ella. Después no. Solos los tres. O los cuatro. Depende de quienes quisieran ayudar a mantener los cimientos vivos. Luego siempre fuimos cuatro. Al principio yo sonreía y siempre sonaba Bob Dylan. Después yo ya no sonreía ni hablaba. No paraba de sonar I wish you were here de Pink Floyd. Después otra vez Bob Dylan cuando todo hubo pasado...
Recuerdo como era capaz de coger una caja de cartón, pintarla y creer que podía ser una nave espacial. Me metía dentro y rodaba cuesta abajo. Siempre estaba llena de arena y manchada de pintura. Me quedaba dormida en el sofá mientras se escuchaba Cream de fondo. Balbuceaba I want you de manera torpe e iba con mi padre a comprar peces y les ponía nombre. Me pasaba el día soñando. Mirando el acuario, hablándoles en silencio.
El pelo rubio y dos mechones blancos a cada lado de la cara, siempre revuelto, y dos ojos oscuros en el medio, fijos.
Y ahora...
-Nadie me despierta, porque sigo despierta cuando todos se levantan...Y ya no tengo lugar al que ir. Al menos la abuela está a dos pasos de mí.
-Sólo sé que si llueve es mejor cerrar la ventana, porque tiende a inundarse todo. Lo único que queda después es una persiana mojada.
-No doy paseos. No poseo ya ese estilo de vida despreocupado para salir sola. Y no tengo a nadie con quien ir. Al menos no por aquí.
-Cada vez me cuesta más hacer un cuento de cada cosa, incluso me cuesta escribir esto. A pesar de que siga haciendo de esas pequeñas cosas, mi vida.
-Hay cosas que no han cambiado...Ni Bob Dylan siempre en mí, ni I wish you were here como "la canción de mi vida"...Ni el amor por papá, que me ha hecho ser quien soy, creer en lo que soy a pesar de todas las máscaras, de la gente, de los estereotipos...Debajo de toda esta parafernalia está la niña rubia de los ojos oscuros y grandes...
Desearía poder volver atrás todos los días de mi vida. Experimentar la sensación de "nada más importa que vivir este momento". Transformar cajas en naves espaciales y jugar en la calle aunque me mirasen mal...
Sólo me quedan un montón de recuerdos que me dan la razón, cualquier tiempo pasado fué mejor...y nunca volverán a repetirse...Sólo guardo flashes en mi memoria, un complejo enorme de Peter Pan (yo jamás creceré, nunca, nunca. Al menos no por dentro, me niego), y un montón de traumas.
Pero estoy bien.
Yo siempre estoy bien.
Porque aunque para mí no tenga sentido,
tengo fuerzas para seguir adelante.
![]() |
| Mario y yo, allá por el 97. |
-Recuerdo cuando mi abuela me despertaba para ir al colegio levantando la persiana, y yo iba al salón y me vestía tapada por la estufa porque hacía mucho frío. Después mi madre me llevaba a clases junto con mi hermano y en especial tengo un flash de ir caminando por la calle contra el viento frío, llevando puestas unas botas rosas que me había regalado mi padre...y que me encantaban.
-Recuerdo la lluvia...como se enfriaban los cristales de mi ventana, se despegaba de la pared el marco y se inundaba la plazoleta de debajo de mi casa. Las naranjas se caían de los árboles y al día siguiente podía darles patadas como si fueran pelotas.
-Recuerdo que cada vez que salía a dar un paseo contenta, intentaba esquivar la maldita papelera de hierro de la esquina, pero siempre me la comía dándome un golpe en la cadera. Por aquel entonces ya era patosa.
-Recuerdo dibujar en la terraza, hacer fotos con mi primera cámara de carrete, una Nikon que me regaló mi padre. No necesitaba nada. Cualquier cosa la podía transformar en un cuento perfecto, en lo que yo quisiera. Crear una historia que pudiera comprender en cualquier momento, simplemente volviendo atrás.
-Recuerdo jugar de pequeña en casa de mi padre...los años más felices de toda mi vida. Mi infancia, mi tesoro eterno, mi alma, mis sueños. Primero estaba ella. Después no. Solos los tres. O los cuatro. Depende de quienes quisieran ayudar a mantener los cimientos vivos. Luego siempre fuimos cuatro. Al principio yo sonreía y siempre sonaba Bob Dylan. Después yo ya no sonreía ni hablaba. No paraba de sonar I wish you were here de Pink Floyd. Después otra vez Bob Dylan cuando todo hubo pasado...
Recuerdo como era capaz de coger una caja de cartón, pintarla y creer que podía ser una nave espacial. Me metía dentro y rodaba cuesta abajo. Siempre estaba llena de arena y manchada de pintura. Me quedaba dormida en el sofá mientras se escuchaba Cream de fondo. Balbuceaba I want you de manera torpe e iba con mi padre a comprar peces y les ponía nombre. Me pasaba el día soñando. Mirando el acuario, hablándoles en silencio.
El pelo rubio y dos mechones blancos a cada lado de la cara, siempre revuelto, y dos ojos oscuros en el medio, fijos.
Y ahora...
-Nadie me despierta, porque sigo despierta cuando todos se levantan...Y ya no tengo lugar al que ir. Al menos la abuela está a dos pasos de mí.
-Sólo sé que si llueve es mejor cerrar la ventana, porque tiende a inundarse todo. Lo único que queda después es una persiana mojada.
-No doy paseos. No poseo ya ese estilo de vida despreocupado para salir sola. Y no tengo a nadie con quien ir. Al menos no por aquí.
-Cada vez me cuesta más hacer un cuento de cada cosa, incluso me cuesta escribir esto. A pesar de que siga haciendo de esas pequeñas cosas, mi vida.
-Hay cosas que no han cambiado...Ni Bob Dylan siempre en mí, ni I wish you were here como "la canción de mi vida"...Ni el amor por papá, que me ha hecho ser quien soy, creer en lo que soy a pesar de todas las máscaras, de la gente, de los estereotipos...Debajo de toda esta parafernalia está la niña rubia de los ojos oscuros y grandes...
Desearía poder volver atrás todos los días de mi vida. Experimentar la sensación de "nada más importa que vivir este momento". Transformar cajas en naves espaciales y jugar en la calle aunque me mirasen mal...
Sólo me quedan un montón de recuerdos que me dan la razón, cualquier tiempo pasado fué mejor...y nunca volverán a repetirse...Sólo guardo flashes en mi memoria, un complejo enorme de Peter Pan (yo jamás creceré, nunca, nunca. Al menos no por dentro, me niego), y un montón de traumas.
Pero estoy bien.
Yo siempre estoy bien.
Porque aunque para mí no tenga sentido,
tengo fuerzas para seguir adelante.
viernes, 22 de julio de 2011
Algo que capturar.
| Mesas de Ibor 2011. |
"Era uno de esos días en que está a punto de nevar... y el aire esta cargado de electricidad. Casi puedes oírla, ¿verdad?. Y esa bolsa esta bailando...conmigo... como un niño pidiéndome jugar, durante quince minutos.Es el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas, y una fuerza increíblemente benévola me hacía comprender que no hay razón para tener miedo jamás. El vídeo es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo, necesito recordarlo.American Beauty.
A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando..."
[...]
*Tengo recuerdos estúpidos grabados en la mente. Por ejemplo, puedo recordar con total claridad el lugar donde me tomaron una foto a los 4 años mientras dibujaba. También puedo recordar por ejemplo, a mi tío sentado en silencio a la mesa, mirando fijamente el despertador. El tiempo pasaba sin más.
Sin embargo, soy incapaz de ponerle imagen a esos gritos de Marzo. Los gritos no tienen imagen en mi cabeza. Sólo sé que los escucho. Uno no sabe qué momento va a ser importante, no es algo que se pueda elegir, así que todo es un desajuste en la mente.
A pesar de que todo fué trágico, yo sólo puedo saber con certeza que fueron mis mejores años...
Y que es algo que jamás se repetirá.
Quisiera poder retener cada segundo...
Quizás por eso no sepa separarme de la cámara.
Quizás por eso siempre esté soñando con volver atrás.
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Murmullos que salen de mi,
Peliculas,
recuerdos
lunes, 27 de junio de 2011
Pon música, papá.
Y empezaba a sonar la radio.
El coche hacía poco que se había puesto en marcha, y ya íbamos los cuatro camino a cualquier parte.
Más que a cualquier parte, a aquel lugar al que mi padre hubiera decidido llevarnos ese sábado.
Nos subíamos en el coche sin saber, pero con ganas.
Y salíamos del pueblo, y sólo veíamos autopista.
Y mi padre cantaba y daba golpecitos con los dedos en el volante.
Yo tarareaba las canciones, y algunas hasta las canturreaba por lo bajo, porque me las sabía (no sabía cómo ni de qué manera) desde que tenía uso de razón. Supongo que habían nacido conmigo.
Ella fumaba y tiraba la ceniza por la ventana.
Él, de vez en cuando, soltaba una mano del volante y nos hacía cosquillas a Mario y a mí, que estábamos sentados detrás. A veces nos asustaba porque íbamos medio dormidos.
Hubo viajes bonitos. Como cuando fuimos a El Bosque. Sólo había curvas y montañas, pero mereció la pena el trayecto para conocer aquel rinconcito medieval que me encantó. Quisiera volver, pero no sería lo mismo.
Los años nos cambian a todos. Incluso a mí.
Peru hubo un viaje que jamás olvidaré.
El 6 de Julio de 2006 marchamos hacia Valencia. Muchas horas de coche de las cuales la mayoría las pasé durmiendo en el regazo de mi hermano. El Papa visitaba aquella comunidad en esos días, pero nosotros no íbamos a verlo a él, ni mucho menos. Íbamos a ver a Bob Dylan en directo.
Llegamos al hotel y nos instalamos, después estuvimos haciendo turismo. Mi padre nos llevó a la Ciudad de las Artes y las Ciencias (que me encantó, por supuesto, ¡qué cantidad de peces, animales y demás bichos marinos!). Y también fuimos al puerto y andamos por la ciudad. Me gustó muy mucho.
El día del concierto (día 7) hacía un calor húmedo bastante curioso, pero aún así llegamos. Mi padre me regaló una camiseta oficial del tour (que aún conservo) y un póster de Dylan (foto que he puesto al principio, en la cual Bobby tiene un parecido con mi padre INCREÍBLE), que está colgado en mi cuarto desde hace años.
Escondí la cámara de vídeo de mi padre entre mi camiseta y mis pantalones y entramos.
Aquello fué espectacular, quise morir escuchando temas como Maggie's Farm o Mr. Tambourine Man. Otros me hicieron llorar, como I Want You, la primera canción que me aprendí en mi vida, con 5 años. Y con otras no pude más que sonreír, como Jokerman, que mi padre ponía mil veces en el coche. El concierto terminó con un temazo espectacular, como no podía ser más que Like a Rolling Stone, mientras anochecía y encendían los focos en el estribillo. Todos lloramos. A mi hermano le dió un bajón de tensión y la mujer de mi padre se lo llevó a la puerta. Dylan se despidió con el gesto del Papa y yo salí de la mano de mi padre, como la más feliz del mundo.
[...]
Mi memoria fotográfica me hace recordar cada instante de esos días.
Sólo lamento no poder revivirlos cada vez que quiera.
Al menos me quedan los recuerdos.
...A veces, cuando me reúno con mi padre y me lleva a casa de vuelta en el coche, aunque sean 10 minutos, sigue poniendo la radio...
Y Dylan suena siempre, siempre.
Igual que se nos oye a nosotros, años después, cantar a dúo sus canciones.
Papá, esta va por tí.
Te Quiero.
El coche hacía poco que se había puesto en marcha, y ya íbamos los cuatro camino a cualquier parte.
Más que a cualquier parte, a aquel lugar al que mi padre hubiera decidido llevarnos ese sábado.
Nos subíamos en el coche sin saber, pero con ganas.
Y salíamos del pueblo, y sólo veíamos autopista.
Y mi padre cantaba y daba golpecitos con los dedos en el volante.
Yo tarareaba las canciones, y algunas hasta las canturreaba por lo bajo, porque me las sabía (no sabía cómo ni de qué manera) desde que tenía uso de razón. Supongo que habían nacido conmigo.
Ella fumaba y tiraba la ceniza por la ventana.
Él, de vez en cuando, soltaba una mano del volante y nos hacía cosquillas a Mario y a mí, que estábamos sentados detrás. A veces nos asustaba porque íbamos medio dormidos.
Hubo viajes bonitos. Como cuando fuimos a El Bosque. Sólo había curvas y montañas, pero mereció la pena el trayecto para conocer aquel rinconcito medieval que me encantó. Quisiera volver, pero no sería lo mismo.
Los años nos cambian a todos. Incluso a mí.
Peru hubo un viaje que jamás olvidaré.
El 6 de Julio de 2006 marchamos hacia Valencia. Muchas horas de coche de las cuales la mayoría las pasé durmiendo en el regazo de mi hermano. El Papa visitaba aquella comunidad en esos días, pero nosotros no íbamos a verlo a él, ni mucho menos. Íbamos a ver a Bob Dylan en directo.
Llegamos al hotel y nos instalamos, después estuvimos haciendo turismo. Mi padre nos llevó a la Ciudad de las Artes y las Ciencias (que me encantó, por supuesto, ¡qué cantidad de peces, animales y demás bichos marinos!). Y también fuimos al puerto y andamos por la ciudad. Me gustó muy mucho.
El día del concierto (día 7) hacía un calor húmedo bastante curioso, pero aún así llegamos. Mi padre me regaló una camiseta oficial del tour (que aún conservo) y un póster de Dylan (foto que he puesto al principio, en la cual Bobby tiene un parecido con mi padre INCREÍBLE), que está colgado en mi cuarto desde hace años.
Escondí la cámara de vídeo de mi padre entre mi camiseta y mis pantalones y entramos.
Aquello fué espectacular, quise morir escuchando temas como Maggie's Farm o Mr. Tambourine Man. Otros me hicieron llorar, como I Want You, la primera canción que me aprendí en mi vida, con 5 años. Y con otras no pude más que sonreír, como Jokerman, que mi padre ponía mil veces en el coche. El concierto terminó con un temazo espectacular, como no podía ser más que Like a Rolling Stone, mientras anochecía y encendían los focos en el estribillo. Todos lloramos. A mi hermano le dió un bajón de tensión y la mujer de mi padre se lo llevó a la puerta. Dylan se despidió con el gesto del Papa y yo salí de la mano de mi padre, como la más feliz del mundo.
[...]
Mi memoria fotográfica me hace recordar cada instante de esos días.
Sólo lamento no poder revivirlos cada vez que quiera.
Al menos me quedan los recuerdos.
...A veces, cuando me reúno con mi padre y me lleva a casa de vuelta en el coche, aunque sean 10 minutos, sigue poniendo la radio...
Y Dylan suena siempre, siempre.
Igual que se nos oye a nosotros, años después, cantar a dúo sus canciones.
Papá, esta va por tí.
Te Quiero.
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recuerdos
miércoles, 15 de junio de 2011
No me tiré por un pozo...
...me agarré a un clavo ardiendo.
Al clavo que más arde desde hace cuatro años, por no estar sola.
El mismo que se me clavó en las entrañas destrozándome, destrozando mi vida.
Que hizo que abriese los ojos, que echase a correr, que tuviera miedo y perdiera toda esperanza.
Que me alejase de todo lo que quería para buscar una salida, algo que me devolviera la fé.
He vuelto a agarrarme ese clavo buscando...
¿Buscando qué?
Quizá respuestas.
No, creo que no es eso.
Buscando amistad. Compañía.
Sí, eso va a ser.
No quiero estar sola nunca más.
Quizás ese clavo se convierta en un algodón de plumas.
Quizás siga siendo un clavo eternamente incapaz de doblarse más que en mis entrañas.
Quizás vuelva a hacerme daño y sea la herida más infectada de mi existencia, por ser la tonta que la reabre diez mil veces sin pensar en las consecuencias...
Quizás, tantas cosas...
Perdí la sonrisa, pero no la fuerza.
Por algo será que sigo corriendo mirando hacia atrás...
Ahora camino por una fina línea...
Rozando el cielo...
Muy lejos del suelo...
Y eso que aún no puedo volar.
Ni por Asomo*
![]() |
| Sólo son retazos de lo que fuimos. |
Al clavo que más arde desde hace cuatro años, por no estar sola.
El mismo que se me clavó en las entrañas destrozándome, destrozando mi vida.
Que hizo que abriese los ojos, que echase a correr, que tuviera miedo y perdiera toda esperanza.
Que me alejase de todo lo que quería para buscar una salida, algo que me devolviera la fé.
He vuelto a agarrarme ese clavo buscando...
¿Buscando qué?
Quizá respuestas.
No, creo que no es eso.
Buscando amistad. Compañía.
Sí, eso va a ser.
No quiero estar sola nunca más.
Quizás ese clavo se convierta en un algodón de plumas.
Quizás siga siendo un clavo eternamente incapaz de doblarse más que en mis entrañas.
Quizás vuelva a hacerme daño y sea la herida más infectada de mi existencia, por ser la tonta que la reabre diez mil veces sin pensar en las consecuencias...
Quizás, tantas cosas...
Perdí la sonrisa, pero no la fuerza.
Por algo será que sigo corriendo mirando hacia atrás...
Ahora camino por una fina línea...
Rozando el cielo...
Muy lejos del suelo...
Y eso que aún no puedo volar.
Ni por Asomo*
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recuerdos
martes, 1 de febrero de 2011
My yellow room
Este cuarto me espera esta Primavera.
Aunque siempre haya sido mío, pero nunca haya podido disfrutarlo.
Con sus ventanas de guillotina, su ventanal de madera por el que se ve el cielo, su eterna claridad, sus libros, sus sillas de cineasta, su sofá cama, su adorable radiador antiguo... su color amarillo...su suelo de madera...
Pienso pasarme allí horas y horas tirada en el suelo con todas las ventanas abiertas, escuchando Pink Floyd, cámara en mano y con Charlie (y algún amigo) cerca...
Va a ser precioso.
Ya puedo olerlo...
What a wonderful world...
Mi vida es preciosa, cada día me doy más cuenta...
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Ce'st la vie,
recuerdos
martes, 25 de enero de 2011
This girl is my girl.
"¡Altérame el alma!
Si tus amigos dicen que eres normal o sencilla, permítemes sacarles los ojos, para que así te admiren por tener un par de ojos pardos y aprecien esa voz que me susurra por las noches revoloteando como una mariposa entre amapolas ROJAS.
Abandono este instante, porque nunca me cansaría de sacar a la luz todas esas cosas que nos atan por los pies a la tierra , pero que son más de lo que nadie tendrá nunca. No sé ya cómo decirte que te amo, y no por lo perfecta que eres, sino porque eres Zoe. MI VIDA."
Fragmento de una carta.
26 de Noviembre de 2009.
Déjame que te recuerde, ahora y siempre.
Sé que a veces piensas que no te tengo en la mente.
Eres un pilar fundamental en mi vida.
La chica perfecta que tiene mi corazón palpitante en las manos y escucha de cuando en cuando mis latidos tintineantes en su cuello. Nos comunicamos entre nosotras.
Siempre te echo de menos.
Hoy es uno de esos días en los que resurges más que nunca.
Quiero volver al comienzo de todo, cuando éramos más puras pero no por ello más inocentes.
Cuando me invadía tu hemoglobina y yo era tu adrenalina constante.
Ahora somos una droga más dura que el diamante y brillamos como tal.
Nunca me desintoxiqué.
No quiero hacerlo.
Tú y yo somos la combinación perfecta.
Rojo + Azul...¿?
Recuérdalo.
Te amo, Prozac.
Z.
No me abandones.
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