Visitante numero...

martes, 8 de octubre de 2013

18 días. Aún.

Me encantan las flores blancas. 

Cuando era pequeña y tan rubia como ahora, mi madre me las ponía en el pelo. Mi memoria me regala a veces recuerdos buenos, como ese.
Cuando me aceptaron en violín este curso habiendo sólo dos plazas libres, mi madre me dio la enhorabuena regalándome una maceta de rosas blancas. Sólo una había florecido. Han ido saliendo todas a la luz. Como yo. Poco a poco. Paso a paso. Despacio y sin pausa...





Parece que las cosas vuelven a estabilizarse tras la tormenta.

Pero sólo un poco. Muy muy poco. Tengo que tener fe y mantenerme de pie aunque me lluevan los golpes. "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". Me cuesta confiar.

He tenido suerte al tener buenos pilares, pero he nadado contra corriente durante días (y sobretodo noches), buscando una ventana por la que salir a volar.

Se ha oscurecido la habitación que llevo dentro. Las sombras bailan.

Mi madre siempre me dice que tengo demasiada energía alrededor, y es por eso que cuando vuelvo a casa las luces empiezan a estropearse y la lámpara de mi cuarto sólo se enciende cuando le da la gana. 
Quizás es por eso que aquí se me agotan las pilas, me sacan de quicio, grito y me agoto. Desde aquí visualizo el abismo con mucha claridad.

Odio tener miedo y que me tiemblen las manos. El monstruo de mi estómago me araña y me hace llorar. El miedo es lo peor que he sentido jamás, y está muy por encima del fracaso. Te devora sin que te des cuenta hasta dejarte sin fuerzas. Pero siempre puedes luchar. Ya sabes, todo es mental.


Necesito frío. No me siento cómoda con esta temperatura. Quién me iba a decir a mí que dejaría de ser como el tiempo y necesitaría la nieve y la lluvia más que nada en este mundo...

Aún me gusta abrir la ventana cuando llueve por las noches, dejar entrar el frío y desnudarme. Bailar. Que se me erice la piel. Creo que nunca dejaré de hacer eso. Es como un ritual.


Rezo por mantenerme firme durante 18 días más. Sólo 18 días más. Luego me daré permiso para llorar si es que lo necesito. Sólo 18 días. En pie. Y estas cosas me cuesta cumplirlas. Necesito transparencias aunque yo a veces no sepa ni encontrarlas en mí.


Dije que hoy no iba a escribir. Apenas voy a dormir cuatro horas. Pero siempre me rindo a las palabras que necesito vomitar, aunque nadie vaya a leerlas. Este es mi pequeño secreto, desde hace ya casi cinco años. Me llama.



Estoy mutando estos días, y volviendo a ser una yo que no recordaba. Y que prefiero no describir.
Sigo teniendo la ouija a los pies de la cama, por si alguien quiere visitarme.
Hay cosas que nunca cambian, y las conversaciones nocturnas nunca están de más.


Supongo que... buenas noches.



*Eh, que mañana me traen mi nuevo violín.

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