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sábado, 5 de octubre de 2013

Le Châtelier

145.



Escucha esto mientras lees: Sean Christopher - Everything



Que no tenga un punto de apoyo actual no significa que vaya a tropezar, aunque estos días haya estado tan cerca del agujero como para caer de cabeza.

No tengo muy claro en qué momento perdí la vida, pero sé que intenté coserme las heridas hace ya un año, seis meses y veinte días. Aún queda un largo camino para cicatrizar.

Hace tres días escribí una carta a un recuerdo. Al protagonista de "Ocho Cruces". A un agosto de hace casi ocho años, que me acompañó durante tres, asfixiándome. Y todo porque no tenía nada que decir sobre él y sentí que faltaban palabras en mi mente.

Hoy he discutido y he odiado a mi propia mente. He pensado en lo feliz que sería siendo idiota.
En días así me cansa todo lo que me distingue del resto. Todo lo que me ha hecho destacar y a la vez aislarme. He odiado esos números, he odiado pensar, he odiado la maldita memoria eidética y todas las torturas que conlleva el recordar. He odiado despertarme a diario recordando mis sueños, que jamás son buenos. He odiado no saber hablar sin usar metáforas sacadas de la manga, he odiado mi lógica, he odiado saber reflexionar a todas horas sobre todo. He odiado destacar en tantas cosas como para no saber hacia dónde dirigir mi vida, como para sentir ansiedad por pensar en el futuro que tengo que escoger.

Pero por encima de todas esas cosas...

Por encima de todas esas cosas, he odiado poder alzar el dedo para decir que puedo ver a través de mí, de ti, de ella, de él, de ellos, de quien sea que esté leyendo esto ahora mismo. 
Puedo tener una conversación de quince minutos contigo y analizarte sin problemas. Y lo odio. Y me odio por ello. Odio que la gente admire algo que realmente no podría manejar. Es imposible.


Cuando el saber demasiado hace que todo lo que me rodea duela el triple, me odio a mí misma con todas mis fuerzas. No soporto que todo me resulte lo suficientemente transparente como para saber que no hay nadie realmente bueno en todos los sentidos, que todo el mundo esconde algo que le vuelve gris. Me da miedo. Me repugna. Me vuelve antisocial. Me da ganas de llorar. Es un pensamiento que hace que me oculte aún más de lo que ya me oculto de vosotros.

No quiero ver más... no quiero ver más allá.
Y si me vendo los ojos dejo de ser yo.
He llegado a la conclusión de que si mi vida se resume en esto,
no creo que vaya a ser realmente feliz jamás.

Pero parece que debo vivir con ello, así que tendré que buscar una solución para poder respirar sin ahogarme.


Los silencios me dejan fría. No quiero volver a sentir aquello nunca más.

¿Y ahora qué?





... Necesito poder tocar todo esto con las manos. 


No olvidéis que el hielo también quema.




*Se llama "Principio de Le Châtelier" al momento en el que un sistema intenta contrarrestar una perturbación externa para llegar al equilibrio.

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