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jueves, 22 de marzo de 2012

Primeros errores.

Lo he intentado.


Os prometo que lo he intentado.
Con todas mis fuerzas, pero no quiero más, no sé si puedo más.
Estoy jodidamente cansada. Llevo años cansada. Ni siquiera recuerdo cuántos.

Yo tenía aspiraciones, quería ser muchísimas cosas pero ahora ya no tengo fuerzas.
Tampoco tengo ilusiones. Tampoco tengo empeño para realizar mis sueños aunque intente autoconvencerme.
Me estoy derrumbando. Me pregunto que pasará si esto no funciona. Si las pastillas no son suficiente. Si la terapia no es suficiente. Si las pautas no son suficientes. Me pregunto que pasará conmigo. Este era mi último recurso, mi última esperanza. Nunca le habría puesto cojones a esto de no ser por la gente que me quiere.

He aguantado todos estos años precisamente por esas personas, pero cuando he escuchado que lo primero soy yo he pensado en muchísimas cosas... como por ejemplo, ¿qué es lo que yo siento?
Cansancio. Hastío. Desesperanza. ¿Amor? Sí, pero ¿de qué me sirve?. No hay ilusiones realmente. No tengo metas. No tengo fuerzas. No tengo sentido y hago las cosas por inercia desde hace ya tanto tiempo que ni cuento los días... No soy feliz. No quiero esto. No quiero sentir esto. No quiero vivir esto. No tengo fuerzas para esperar tiempos mejores. No quiero esperar tiempos mejores. Ya no me importa si esto es una etapa o no, no encuentro realmente motivos por los que aferrarme a esto. Y no los encuentro desde hace mucho.

Mi madre me da la mano tan fuerte que ni me lo creo. Me abraza todos los días. Me llama "princesa" y me dice que saldremos de esta, y que yo puedo. Hace tantas tonterías, me pone música, me levanta de la cama, me obliga a comer y a vestirme. Mi tía ha intentado que salga hoy a dar un paseo en mi bici pero ha resultado estar pinchada. He vuelto a mi casa con lágrimas en los ojos con la sensación de que todo me salía mal. Hoy mi hermano estaba de mal humor. No he hablado con él en todo el día, cuando he intentado coger su guitarra para sacarme algo me ha dicho que ni hablar. He vuelto a mi habitación. Mi abuela llama todos los días para preguntar cómo estoy, pero mi madre pone cara de pena y contesta "mi niña está aquí conmigo, pero no está como para ponerse al teléfono". No puedo ir a verla aunque la adoro, porque ella llora mucho más que yo cuando me ve así y no quiero verla llorar. Mi tía ha vuelto a llamar para decirme que si quiero ir a hacer galletas con ella el viernes. Salo me dice con esa sonrisa y esa fuerza que la caracteriza "mi reina, estás preciosa cuando sonríes, pronto nos veremos y si te faltan ovarios nosotras tenemos de sobra". Me hace sonreír. Tiene tanta vida dentro. Victoria Karr, esa chica que siempre, siempre siempre está atenta a lo que me pasa me piropea y se preocupa. Me dice "Eh, tú no estás loca, saldrás de esto cariño". Me hace sentirme mejor.

Pero la noche siempre llega y me hace caer. Siempre. Y con la noche no suele llegar nada bueno, hoy menos que nunca. Supongo que esperaba lo que ha pasado. No quiero hablar de ello. No puedo evitar sentirme como me siento. No he podido evitar destrozar la promesa que le hice. Me sabe la piel a óxido pero ni el valium puede calmar lo que tengo dentro ahora. Sé que es psicológico, pero ahora incontrolable. Es la primera vez en mi vida en la que pienso que nada me está reteniendo aquí, nada propio, sólo las personas que me quieren, pero necesito sostenerme yo. Es la primera vez en mi vida en la que me planteo que las cosas irían mucho mejor sin mi, que por fin estaría tranquila y que se terminaría todo esto que siento. Que dejaría de tener miedo de vivir, de sentir, de ser reemplazada, utilizada. He llorado. Estoy llorando de manera intermitente, pero por primera vez en meses por mi misma y no por alguien. Me he dado cuenta con este último golpe que realmente sí que estoy perdida, que no hacía más que sostenerme en los demás.

Ahora desnuda me miro al espejo. Veo todas esas cicatrices. Veo esos ojos hinchados y todo ese maquillaje corrido en mi cara. Veo todas las imperfecciones. Veo todos los errores cometidos. Veo el vacío dentro de ese cuerpo que se refleja. Ese que tenía tantas metas, ese que parece tener tantos dones. Y no veo nada bueno. Sólo desesperanza y autodestrucción. Veo como voy cayendo al suelo porque las piernas me tiemblan. Veo que no puedo sostenerme ni por dentro ni por fuera, que no soy dueña de mi ni me importa y que no encuentro el camino de salida de este laberinto. 

Me siento jodidamente reemplazable. Un cuerpo más entre toda esa multitud. Una cabecita que no se notaría si desapareciese. Tampoco esque me importe mucho. Vivo de pequeños momentos que luego se me clavan en el recuerdo al darse por terminados. Ya no me importa lo que pase conmigo. No me importo.

Que sea lo que tenga que ser.
He pensado muchísimas cosas esta noche, muchísimas que a nadie le harían gracia.

Doy por acabada esta entrada, porque mi mente sólo quiere dormir meses y no sentir nada...
Y la inconsciencia se está convirtiendo en mi mejor amiga.


Buenas noches.

Z.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Y yo sé que puedes, que podrás, que es cuestión de tiempo, paciencia y un poquito de ánimo y fuerzas :)

Un besazo enorme desde Málaga, sirenita azul :)