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viernes, 30 de abril de 2010

08/01/2009 "Dead Letters"

"Ayer llorabas entre mis brazos, y yo…

Cuánto deseé meterme dentro de una de tus lágrimas, y rodar por las curvas de tu rostro…
Ahora te escribo desde mi piano, apoyándome sobre la cubierta de la Gran Sonata Patética—yo también patético—lamiéndome las heridas con autocompasión y egoísmo, maldiciendo por sólo haber besado tus ojos, por no haber bebido tu pena para compartirla contigo, ni haber respirado el vapor de tu llanto.
No hice lo suficiente.


Deseaba que por fin te liberaras, y que te liberaras sola, pero conmigo. Sin embargo tenía miedo de tu dolor…
Jamás arrancaría tu caparazón de acero a tirones, podrías desangrarte entre mis manos.
Ayer, mientras acariciaba tu rostro y lamía como un lobo sediento el agua de tus ojos, sentí que te tocaba…que parte de tu coraza se abría, se retiraba dejando paso a la suave piel de tu alma bella, tenue, agitada. Rocé el pedacito de corazón que ahí yacía inquieto y temeroso…y tú, entonces, no lloraste con alivio sino con sufrimiento. Cómo te dolió, mi vida.
Pero eres tan buena y tan dulce que ni siquiera retrocediste. No hablaste ni retiraste mis manos de tu herida. Yo tengo algunas cicatrices, como tú, por eso veo las tuyas…pero me preocupa ser el gato que araña, el sol que ciega…

La verdad es como la luz del sol. Es necesaria, pero si uno la mira todo el tiempo, puede quedarse completamente ciego.
El amor es como el fuego. Nos da calor en las noches de invierno, pero si uno se acerca demasiado, quema. Te puede destrozar, volver loco.
Te quiero.
Te quiero con toda mi alma y no porque esté vacío. Pero tengo que controlar mi locura. No quiero quemarte. Prefiero que se queme a mí toda mi sangre dentro de las venas.
Ayer me hubiese gustado hacerte el amor despacio, mientras lloras, besando minuciosamente cada rincón de tu alma, de tu rostro, cada latido de ti. Beber de tus labios y que tú bebas mi cariño mientras la tarde languidece y el día se agota. "Necesito todo el cariño del mundo" me dijiste…"Y lo quiero de ti".

¿Sabes? Yo también te necesito…
Necesito tu sonrisa y tu luz, para ser capaz de atenuar tu tristeza. Quiero ser esa parte de ti que impide que te caigas sin que tú te des cuenta. El guardián del precipicio, que espera escondido y sólo acude cuando el niño que juega se acerca demasiado al despeñadero. Interponer mi cuerpo entre tu vida y la nada, eso es lo que deseo. Protegerte de esa nada que tanto temes, que te asola y no te deja respirar.
Tranquila, mi vida. No voy a desbaratar tu muralla. Te esperaré en silencio sin invadirte, a tu lado si tú quieres, y mientras decides si mostrarte poquito a poco o no, podemos hablarnos, escucharnos, reírnos… amarnos.
Ahora te escribo y pienso que mi lengua te extraña…la húmeda y mala pécora hubiera deseado rodar en tus heridas... Besos canallas de fuego, con todo mi amor.
Sabes que soy un sádico. Tú te ríes, menos mal, y creo…--sólo lo creo—que no te doy miedo.

Tal vez sí he conseguido que sientas que te amo siempre, en cada movimiento de mis manos, en cada exhalación, a pesar de mis deseos un tanto extraños. Sabes que por encima de esos deseos, y por encima de mí mismo, he elegido colocarte a ti, mi niña de cristal. Mi reina de hierro.
Cómo te siento, mi amor.
Cómo deseo que me sientas a mí, sin censura.
Parezco un animal, soy una mala bestia, pero tú sabes mi amor que en el fondo soy tímido, y soy ladrón porque me cuesta pedirte un beso inoportuno. Me cuesta porque me da miedo: miedo a que me rechaces, sí, pero sobre todo miedo a que me malinterpretes, a que pienses que sólo estoy sobre ti porque te utilizo.
Sólo estoy sobre ti "entre comillas". Pero eso tal vez te lo explique más tarde, en otra carta más negra, más oscura…cuando no llores.
Y por último, solo decirte que me tienes. Sé que me dirás que ya sabes que puedes contar conmigo, pero quiero que realmente lo sepas de verdad.
Me tienes para llorar y para reír. Para dormir y para acoplarnos en mitad de la noche, buscando nada o queriendo todo, como tú decidas en cada ocasión.

Deseo cuidarte, poder darte todo aquello que sólo he tenido guardado para ti sin saberlo, durante toda mi vida. Deseo hacerte un nido de palabras, deseo que me descoloques, que juegues a hacerme rabiar, que me mires.
Quiero construirte un hogar cálido entre mis manos, donde puedas pernoctar cada vez que te apetezca.
Agitarme en llamas si tú lo deseas, morderte el ansia, arrancarte la piel y que tú me la arranques. Quererte con fiereza y fidelidad, que es de la única manera que sé querer.
Para morirme sabiendo que renaceré de nuevo, y tú lo mismo.
No tengas miedo, amor mío. Cuando tú quieras, sólo hazme saber que confías en mí. Yo ya me he entregado.
No te pido nada. Ya es bastante con todo lo que me das. No te pido rápida ni lenta, sólo te ruego que camines a tu modo sobre mi espalda.

No olvides que pienso en ti profundamente, que te beso en sueños y que guardo tu vacío al lado de mi cama, junto a mí, esperando con ilusión que algún día vengas a rellenar esa huella que dejaste en mi colchón ayer, mientras llorabas, y yo no te hice el amor por miedo a dañarte.
Mi boca y mi cuerpo te aman. Mi corazón también. Me tienes para quererme y para lo que se te pase por la cabeza.
Ahora y siempre.

Te quiero.

S."

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