Visitante numero...

lunes, 24 de junio de 2013

Un año, tres meses y ocho días.

Desde que intenté salvar mi propia vida.



Quince de Marzo de 2012. El día en que dije "se acabó, no quiero morir".
Ni siquiera había cumplido los veinte años cuando me di cuenta de que me estaba dejando morir.
La persona que sujetaba mi mano quería ponerme a salvo, pero no sabía qué más hacer, hasta aquel día en el que decidí salir de mi cama y de la oscuridad de mi cuarto y dejar volar lo poco de mí que quedaba en este cuerpecito que apenas podía andar o respirar sin llorar.

Tengo mis momentos.


A veces me pregunto qué habría sido de mí si no me hubiera puesto a salvo.
Y otras veces me pregunto por qué sigo intentando no hundirme, tampoco sé qué hago aquí.

Mis monstruos no se han ido en absoluto y muchas veces tengo ganas de abrirme en canal para poder hablar con ellos otra vez. Sin máscaras. Mirándome a los ojos en el espejo como si quisiera atravesarlo. Hay muchas maneras de vivir tal y como yo me siento.
Siempre puedo mentirte.

Si quieres nos tomamos una copa, reímos y te digo que tengo los mismos sentimientos que una piedra. Que yo no sé lo que es amar desde que me sacaron el alma por la boca, que no tengo corazón y que mi vida ya no es un hoyo del que ni me molesto en salir. Te diré, "¡Eh, estoy aquí fuera, en la explanada, ven a buscarme porque he salido!" y no será verdad. Podría engañarte y decirte que ya no pienso en morirme. Podría decirte que si me miras y me dices que me comprendes no te creeré.
Y en el fondo sé que lo haces. Y eso me asusta.

Escribo cartas con el mismo destinatario cada vez que cojo un lápiz. Y jamás las entrego.
Tengo tantas cosas gritando dentro de mí que ni te lo imaginas.
Protejo mi dolor. Es mío.

A veces siento cosquillas dentro y sé que hay algo que se mueve en mi anatomía. Algo que no es material. Como un pequeño escalofrío recorriendo la espina dorsal. Y sé que sigue conmigo tu recuerdo.

Como ves, siempre termino escribiendo para que tú me leas.

[...]


Cuando me miro al espejo al acostarme y al levantarme, me hago un millón de preguntas. Una de ellas es por qué sigo respirando si no veo un futuro claro para mí. La otra es por qué es todo tan gris desde que se marchó.

¿Cómo puedes vivir feliz si con 21 años debes medicarte para que el dolor mental no te mate?


Y aún así, esa vocecita en mi cabeza me dice que siga a hostias con la vida, porque tengo todas las de ganar...




... "La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta sin parar".
-Emily Dickinson.

2 comentarios:

Isi LPP dijo...

Un abrazo enorme, sirenita azul. Espero que sigas adelante con la fuerza que tienes, que eres muy grande.

¡Besazos! ><>º

Patry EotB dijo...

No olvides que siempre tendrás a alguien intentando ayudarte