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domingo, 22 de enero de 2012

Tropical Green, la pecera intergaláctica y el chico de azul.



Me empapo las manos de turquesa mientras me miro al espejo con rapidez.
Ahí estoy, con la misma cara de desconfianza y cansancio de siempre.
"Sonríe, que parece que siempre estás enfadada" solía decirme mi madre de pequeña.
Aún mantengo el gesto, supongo que el tiempo no me ha cambiado mucho, pero ella ya no intenta corregirlo. Seguramente admitió hace mucho que esa era mi verdadera yo.

He manchado el suelo con el tinte, tengo la cabeza llena de azul. Por dentro y por fuera. Lo de dentro es sólo culpa de él, pero eso lo contaré cuando limpie el estropicio del suelo. Bien, ya está.
No importan las distancias, a veces no. Los kilómetros no arruinan estas cosas del sentir, somos los humanos y nuestra desconfianza. No le veo desde el martes. Mañana es domingo (ya, mejor dicho, pero aún no ha amanecido). En unas horas le veré, entonces. A veces me lío con mis propias palabras. Me he dado cuenta con el tiempo de que a veces sólo puedo entenderme yo. Y ya he dicho "a veces" dos veces en dos frases seguidas. Soy más seguida que una paja. Pues eso, que en unas horas estaré completamente azul. Él me azula. Dice que yo le azulo, pero su azul es diferente al mío. El es añil, yo soy índigo, pero se complementan perfectamente.

¿Habéis sentido alguna vez como si esa persona fuera un trocito de tí perdido por ahí?
A veces lo siento.
Se parece a mi lo suficiente como para entender y amar mis rarezas y nos diferenciamos lo justo como para aprender el uno del otro. Somos dos piezas de puzzle que encajan, como mi cabeza en su hombro.
Pero por hoy ya he sido demasiado dulce (y vosotros no le diréis nada a nadie), porque últimamente estoy enfadada con absolutamente todo el mundo, pero él no me enfada ni aunque le ponga empeño. Tiene un don.
Se me hace tarde, me dan las seis de la mañana y se supone que me levanto en pocas horas para ducharme y demás tareas con poco sentido. Estoy un tanto gris hoy, pero se me pasará en cuanto le vea, lo sé.

He decidido cambiar la apariencia del blog, y no he parado hasta que me he sentido conforme.
Lejos de lo que fué, quizás un poco, pero todos necesitamos cambios.
Antes tenía otra vida. Al menos siento que todo ha cambiado. Incluso yo.
Me paso muchas horas abrazada a mí misma, intentando comprenderme y quererme sin éxito.
Al menos lo intento, aunque siempre termine hecha un ovillo entre un montón de mantas, soñando para no tener que ver pasar las horas en la realidad... Y no exagero, y eso también me pone gris.

Así que por hoy doy esto por terminado.
Me marcho a dormir, que mañana será otro día.
...O eso dicen.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Me gusta cómo te veo, te veo más azul que nunca y te sienta bien :)

El blog me gusta cómo te quedó, la nueva cabecera está muy chula^^

Un besazo preciosa!!!