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jueves, 26 de enero de 2012

Pensando en la Muerte.


Tori Amos, prólogo a "Muerte: El Alto Coste de la Vida"



Es curioso pero cuando tengo un buen día no pienso tanto en ella.
La verdad es que nada en absoluto. Cuando me brilla la voz y tengo la tripa llena no se me ocurre decir ni pío. Cuando tengo un mal día hablo con la Muerte constantemente. No del suicidio porque, sinceramente, no es lo bastante dramático. A la mayoría nos gustan los escenarios, y suicidarse es la actuación definitiva; y siendo adicta al escenario, el suicidio estaba descartado desde el principio. Además, la gente se fija y se pone a mirar a ver qué te sobra y no puedes cruzar las piernas para mostrar ese ángulo tan seductor del muslo y es muy deprimente.
Así que hablamos.


Dice cosas que parecen no ocurrírsele a nadie, como vamos a tomarnos un perrito caliente, y entonces parece que nada sea imposible.
Una vez me dijo que en cada uno de nosotros hay parte de ella, aunque Neil cree que soy más Delirio que Tori, y Muerte me enseñó a aceptarlo, o sea, a llevar mis teclas con orgullo. Y una vez aceptado eso, me doy cuenta de que Muerte está dentro de mí, en alguna parte. Era la clase de chica que todas querían ser, desde mi punto de vista porque sabe "aceptar las cosas". Siempre me recuerda que "las cosas" cambian, pero que no se puede dar ningún cambio hasta que hayas aceptado "las cosas".


Igual que ayer, todo el equipo de grabación estaba medio estropeado. Casi perdemos una obra maestra, y los músicos se van mañana y no podemos seguir haciendo música hasta que se solucione todo esto. Estamos en medio de la nada en el desierto, y lo que quiere mi ser es meterse debajo de un cactus y hacer como el avestruz. En vez de esto, me teñí el pelo; ella me visitó y empecé a aceptar el lío en el que estaba metida. Lío al revés es oíl y armada con aquella información me sentí mucho mejor. Durante las últimas horas me he permitido sentirme derrotada, y como ella dijo, si te permites sentirte como te sientes de verdad, tal vez deje de darte miedo ese sentimiento.


Cuando estás de rodillas estás más cerca del suelo.
Las cosas parecen estar más cerca en cierto modo.
Si lo único que se me ocurre es decir esto no va conmigo, esto no va conmigo, entonces no habría una cuerda delante de mí ni un cocodrilo detrás, ni una chica sentada en el alféizar comiéndose un perrito, y si me lo creo, entonces morir sería la única respuesta porque no vendría Muerte a decirme que todo va sobre ruedas y, al fin y al cabo, ella tiene un hermano que cree en la esperanza.

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