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jueves, 1 de septiembre de 2011

Antes creía en Dios.


Por todo ese rollo de que la familia te quiere y te guarda. Te protege y te salva.
Por todo eso de que algún día encontraremos el amor en el prójimo y seremos felices por siempre.
Por todo eso de que tus hermanos son todos los seres humanos y todos formamos parte de lo mismo.
Y por todo eso de que después de todo, si lo haces bien, podrás ir al cielo a revolcarte de felicidad.

Pero ya no. Porque ya no creo en el prójimo. Ni siquiera creo en mí misma.
A veces la familia te hace daño, te desprecia y te obliga a alejarte. 
A veces el amor te mata por dentro y hasta por fuera, te deja heridas abiertas y cicatrices.
A veces el ser humano te traiciona y te demuestra que no hay nada que puedas esperar de él.


No ha sido fácil, ni lo va a ser
Nunca tendré esa vida que me contaban en la Iglesia.

Yo no soy un cordero del rebaño del altísimo.
Soy la oveja negra del antiguo y del nuevo testamento.

Yo ya no creo en Dios,
porque Dios no cree en mí.

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